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A 37 años de La Noche de los Lápices


Por Julián Froidevaux (Subsecretario de Derechos Humanos de Entre Ríos)

Un nuevo aniversario de la Noche de los Lápices vuelve a encontrar a los jóvenes en la calle y viviendo uno de los momentos históricos más alentadores y promisorios de las últimas décadas. El ejemplo más contundente en este sentido es la posibilidad de votar que recientemente conquistaron los ciudadanos de 16 y 17 años.

la noche de los lapices

Juventud: en las calles y en las urnas

La plena vigencia de las garantías individuales, sumada a una fuerte apuesta del Estado a la participación juvenil, han configurado un mapa inédito en la política argentina, donde una generación que nació y creció en medio del resquebrajamiento de los lazos de solidaridad social se reencuentra con viejas banderas que se creían archivadas.

En este contexto irrumpe la resurrección de la política como herramienta de transformación y como horizonte de sentido, donde renacen palabras e historias que son el puente que hilvana luchas y derrotas, consignas y victorias, líderes y pueblos.

Hoy miramos hacia atrás para reconocernos en los compañeros que lograron torcerle el brazo a la dictadura de Onganía con el Cordobazo; nos sentimos identificados con la juventud que venció 18 años de proscripción y propició el retorno del peronismo con el “Luche y Vuelve”; recordamos con orgullo a los miles de compañeros a los que se les arrebató la vida en los años más oscuros del terrorismo de Estado, y nos emocionamos hasta las lágrimas al ver a los que con tan solo 18 años de edad se cargaron la Patria al hombro en Malvinas, aun siendo víctimas de la estupidez militar genocida. También aprendimos con dolor patriótico que las clases dominantes fueron capaces de bombardear la Plaza de Mayo matando a centenares de civiles con tal de derrocar un gobierno democrático, y comprendemos día a día que no es lo mismo la democracia y las instituciones de la república regulando las políticas públicas en favor de los grupos económicos -como pasó en los primeros 20 años de democracia-, que cuando se trabaja para la distribución de la riqueza y por la inclusión social, como en los últimos 10 años.

Aquí cabe destacar un elemento fundamental: el punto sobre el cual Néstor Kirchner se apoyó para mover al mundo –a decir del heleno Arquímedes- o, mejor dicho, el punto de coincidencia que encontró para hacer patria -parafraseando al maestro Jauretche- fueron los derechos humanos.

Pero ni las cosas ni las palabras son neutras. Tampoco puras. Como dijo Jorge Abelardo Ramos: “Ni los esfuerzos de la química han logrado situar nada en estado puro. La impureza es el modus constante de la naturaleza, de las letras y de la política. Todas las tentativas de ‘purificar’ algo concluyen generalmente en su esterilización”. Derechos humanos no es lo mismo en el cuento de Jimmy Carter que en la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. No es lo mismo si los derechos humanos aportan a develar el rol de los Martínez de Hoz, de los Zorreiguietas, de los Magnettos o de los Tortolos, por nombrar algunos. Si derechos humanos es un concepto que nos permite estudiar la concentración de la tierra, la situación de los trabajadores. Si el juicio y castigo a los responsables del Plan Cóndor nos posibilita pensar las dimensiones continentales de la represión, los derechos humanos pueden ser una herramienta más para nuestra militancia política. Desde una perspectiva popular que atraviese de punta a punta un proyecto político y nos permita seguir ampliando al máximo la participación del pueblo en la construcción de la patria, profundizando los esquemas organizativos y de participación popular en el marco de un Estado Inclusivo, que en la ampliación de derechos ha puesto dentro del escenario político a minorías siempre postergadas y que hoy deben ir asumiendo un rol protagónico en la batalla política. Y, claro está, en la disputa electoral.

“Democracia, juventud y derechos humanos”

A punto de cumplirse treinta años ininterrumpidos de gobiernos constitucionales, el gran proyecto que se propuso llevar adelante el pueblo argentino, y que debemos rescatar, es el de la consolidación democrática y la plena vigencia de los derechos humanos, los cuales vienen siendo el eje articulador de las políticas públicas de los últimos diez años.

La generación que en 2001 le dijo basta a la opresión, al neoliberalismo y la falta de perspectivas, hoy atraviesa una situación diametralmente diferente. Es la misma que en gran medida se congregó espontáneamente en Plaza de Mayo para despedir al Presidente que les había devuelto las esperanzas que ya creían perdidas, cuando sus padres no conseguían trabajo y veían con tristeza en los noticieros a miles de compatriotas haciendo cola en las embajadas, buscando en lo personal una salida que no podíamos encontrar como país.

No es casual que la juventud haya sido una de las principales víctimas de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el terrorismo de Estado. Su compromiso militante y vocación transformadora fue una de las primeras cosas que la dictadura quiso eliminar de raíz, ya que la implantación de un modelo económico que condenaba a la miseria a millones de argentinos –como resaltaría Walsh en su célebre Carta Abierta a la Junta Militar- resultaría imposible de llevar adelante sin borrar la resistencia popular. En este sentido recordamos hoy la lucha de los tres compañeros secundarios entrerrianos detenidos-desaparecidos: Eduardo Mencho Germano, Luis Alberto Bicho Fadil y Mario Menéndez.

Desde entonces los jóvenes hemos redoblado nuestra participación, avanzando en niveles de organización inéditos y conquistando derechos que no hacen más que ensanchar nuestro horizonte político. En esta línea debemos destacar el voto joven a nivel nacional y la Ley de Centros de Estudiantes a nivel provincial, dos herramientas que fortalecen el incentivo a la participación política y brindan herramientas concretas y efectivas de canalización institucional y política de los intereses de los ciudadanos más jóvenes.

En este sentido, creemos que hay que rechazar los discursos estigmatizadores que muchas veces ensombrecen y ponen en peligro a nuestros pibes, tanto mediante la demagogia punitiva que aflora cíclicamente y apunta más que nada a los sectores populares, como así también a través de la acusación de desinterés y falta de capacidad para intervenir en política que ha sido refutada con la práctica.

Al homenajear a los estudiantes torturados y asesinados en esa nefasta noche platense también defendemos lo que hemos conquistado, haciendo saber que los pasos que el pueblo argentino ha dado en dirección a la consolidación democrática y ampliación de derechos son firmes e irrenunciables. También anunciamos que vamos a trabajar por todo lo que aún nos falta. La Juventud, mira a la política desde los derechos humanos, y desde ahí afirma que elige seguir haciendo. Que va por lo que falta.

La foto en blanco y negro, de los compañeros siempre jóvenes, es una imagen que perdió quietud y ganó movimiento cuando las madres conquistaron el espacio público. Es una imagen que perdió la mudez y conquistó la política cuando Néstor (Kirchner) convocó a la juventud y esta se enamoró nuevamente de la Patria.

Este 16 de septiembre encontrará a los jóvenes con las banderas bien en alto, porque los lápices siguen escribiendo.

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