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Bahl: sobre Trump, la deuda y los nuevos escenarios


Por Adán Humberto Bahl (vicegobernador de Entre Ríos)

Donald Trump

La victoria de Donald Trump en los Estados Unidos augura cambiar el panorama de la economía mundial y no necesariamente para bien. En la Argentina tenemos que estar muy atentos a las transformaciones que se están dando en el mundo, porque de eso depende también el perfil de inserción económica y productiva en el que debemos trabajar.

El último informe que hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía argentina no ha sido muy auspicioso. Al tiempo que sus directores elogiaron las reformas que se han llevado adelante desde que asumió el gobierno de Macri, las previsiones de crecimiento económico son poco alentadoras. Se estima que la caída del PBI de 2016 será más grande que la que se esperaba y que la recuperación para el 2017, más baja de lo que el gobierno mismo proyecta en el presupuesto que se está discutiendo. Incluso, ha habido opiniones cruzadas. El FMI sugiere un mayor recorte fiscal para el próximo año dados los niveles actuales y las débiles señales de recuperación, ante lo que Marcos Peña tuvo que aclarar que el FMI no les va a imponer el rumbo económico.

Dejando de lado el análisis de este organismo internacional, en términos generales, las expectativas para el año que viene no son muy positivas. La inflación persiste y cerrará el año en torno al 40%, el salario de los trabajadores no se recupera, las jubilaciones y los planes sociales han perdido poder adquisitivo y no hay crecimiento del empleo. Los datos muestran además altos niveles de precarización laboral, que exponen sobre todo a los grupos de menores ingresos. Las promesas de campaña se van sintiendo como ecos cada vez más lejanos en un país en el cual un tercio de la población vive en la pobreza. Las tan esperadas inversiones por ahora no se han materializado en una apuesta productiva que genere empleo. En ese marco, urge pensar cuál es el rumbo y cuáles los planes económicos que cada vez tienen opciones más restringidas.

La política económica, al momento, se ha apoyado principalmente en tomar deuda para financiar su actividad sin tener que acudir a una adecuación fiscal. En un contexto de caída de la actividad y del comercio internacional, el gobierno optó por endeudarse y patear la pelota para adelante a la espera que las inversiones colaboren con la recuperación. Pero esto no sucede, o al menos no tienen el impulso necesario para iniciar un ciclo expansivo. Los niveles de endeudamiento actuales empiezan a preocupar tanto a quienes son críticos como a quienes son parte del gobierno. Y preocupan principalmente porque no se ven resultados, no se ven los famosos brotes verdes.

La victoria de Donald Trump en los Estados Unidos suma muchas más incógnitas sobre qué rumbo tomará la economía mundial y por ende, también marca limitaciones a las políticas locales que tienen entre sus principales opciones el financiamiento externo y el mercado internacional. Por una parte, los mercados financieros nunca han significado una salida clara a los problemas de crecimiento, y menos todavía cuando el endeudamiento no se pone al servicio de la producción y de un plan que permita generar empleo. Pero más allá de las decisiones internas, con la llegada de Trump a la Casa Blanca pueden cambiar las condiciones de acceso al crédito y también su precio. Si en los Estados Unidos cambia la política monetaria y se generan condiciones propicias para la especulación, cualquier tipo de inversión o financiamiento externo será más caro para nuestro país.

Por otro lado, la apertura a la importación de bienes y producción extranjera en los últimos meses, tuvo un impacto negativo en la industria local, que viene trabajando más orientada al mercado interno (bastante deprimido, por cierto). La recesión de Brasil, en ese sentido, no ha sido una gran aliada. Además, por más que se apunte a una mayor apertura y diversificación productiva –que podrían ser beneficiosas-, no son cosas que se puedan cambiar de la noche a la mañana. Una reconversión industrial o del perfil productivo de un país lleva tiempo. El mayor proteccionismo en lo económico ha sido piedra fundamental del discurso de Trump. Desde su perspectiva, la competencia de los productos chinos han sido causa de que la economía norteamericana no haya crecido vigorosamente bajo el mandato de Obama. El hecho de que Trump sea el próximo presidente del país más poderoso del planeta genera un horizonte de mayor incertidumbre. ¿Tendrá una política proteccionista? ¿Cómo impactaría eso sobre nuestro comercio internacional? Porque además, no se trata solamente de considerar la relaciones de un país con el otro, sino de cómo se reorientan los flujos comerciales y cómo se inserta la Argentina en esta interacción.

Es apresurado pensar qué va a suceder con el gobierno de un hombre que se ha mostrado además tan poco racional y previsible. Pero al margen de lo que pase en la otra punta del continente, lo cierto es que este horizonte agrega más incertidumbre a un escenario ya de por sí complicado. La prudencia en torno al endeudamiento es imperativa, como también es imperativo utilizar todas las herramientas disponibles para ocuparnos de lo que tiene que ser el plan principal en la Argentina de hoy y la que viene: crear empleo.

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