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Columna de opinión: “Independencia (económica)”


Por Adán Humberto Bahl (*)

Adan Bahl

Cada 9 de julio los argentinos conmemoramos la declaración de la independencia de nuestro país. Hace casi 200 años de este momento, años cargados de historia y de lucha para ser la nación libre y soberana que somos hoy. Porque a pesar de aquella declaración de 1816, hemos vivido momentos en nuestra historia como país de dominación externa, que se ejerció a través de la política, la cultura y sobre todo, de la economía. Por eso hoy vale la pena también reflexionar frente al momento que vivimos, de cara al futuro.

Este proyecto político del que formo parte, ha sido capaz de recuperar el control de la economía y con ella el trabajo para nuestro pueblo, que nos llevó a recuperar la dignidad nacional. Porque todos sabemos los momentos que pasamos para llegar al lugar en donde estamos hoy. Este proyecto político que empezó en 2003 logró reconstruir un tejido social que se había debilitado a consecuencia de la crisis, el hambre y la pobreza. Lo hizo generando trabajo, redistribuyendo ingresos, con infraestructura, con apuesta a la industria nacional. Y lo hizo sobre todo dando oportunidades, incluyendo, para que hoy tengamos una sociedad más justa e igualitaria.

Nosotros sabemos muy bien lo importante de tomar las riendas de la economía, aunque a veces es difícil porque significa enfrentarse a intereses muy fuertes; intereses de aquellos que viven a costa del trabajo de los pueblos.

En 1946, cuando Perón ganó las elecciones, se encontró con que Estados Unidos e Inglaterra reclamaban al país el pago de 3.500 millones de dólares por compras de maquinaria. Perón cuenta que después de mirar los números con su equipo de trabajo, descubrieron que en realidad estos “acreedores“ le debían 1.500 millones de dólares a Argentina por abastecimientos de guerra (carne y granos durante la segunda guerra mundial). “Lo primero que se nos ocurrió fue cobrar”, dijo Perón. Se hicieron las gestiones con los embajadores, pero la posibilidad de cobrar se veía lejana. Hubo una serie de idas y vueltas, como en toda negociación, pero la cuestión es que lo que se terminó arreglando fue saldar parte de esa deuda a cambio de los ferrocarriles y servicios públicos que eran de los ingleses. Pero no sólo eso. También se nacionalizaron los depósitos bancarios, los servicios financieros, la marina mercante, el comercio exterior. Por entonces, Argentina pagaba millones por año de servicios financieros, que se empezaron a controlar en el país. Esas medidas significaron un nuevo y importantísimo paso en la construcción de la independencia de nuestro país y por supuesto cambiaron el rumbo del desarrollo económico. Mostraron y nos enseñaron la identidad de un gobierno dispuesto a darle dignidad a su pueblo en función de sus propios intereses, sin dejarse avasallar.

La historia, por supuesto, no es sencilla. Y sabemos bien que no todos los gobiernos han tenido la misma fortaleza o, en algunos casos, el mismo interés por la Nación.

Una larga noche neoliberal nos arrojó de nuevo a las manos del sistema financiero internacional y de intereses ajenos que derrumbaron nuestra industria, nos endeudaron inescrupulosamente y nos entregaron a la dependencia financiera y económica. Todo esto, a costa de la miseria de los trabajadores.

Por eso es tan importante este proyecto político y económico, que inició Néstor Kirchner y que significó un nuevo episodio de nuestra historia, con crecimiento y desarrollo, que continúa Cristina Fernández de Kirchner y que es el camino que tenemos que seguir hacia el futuro. Con gran inteligencia Néstor inicio hacia 2005 el proceso de desendeudamiento que nos devolvió la soberanía económica, para tomar decisiones que cambiaron la vida de millones de argentinos, devolviéndoles el trabajo, la dignidad y la esperanza.

Esto no es historia pasada, es nuestro presente. Basta mirar cómo los fondos buitre acechan a nuestro país para saciar su codicia. O mirar países de Europa como Grecia, que en un acto de democracia y soberanía hace pocos días decidió decirle NO al ajuste que le quiere imponer el FMI, tal como nos lo impuso a nosotros durante los ’90. Un pueblo que se puso de pie dándole esperanza a otros que están en la misma situación como Italia, Portugal, España.

Esta historia es importante porque es parte de nuestro presente. Porque nosotros sabemos bien todo lo que hemos avanzado en esta última década. Como dijo también el compañero Daniel Scioli, con este proyecto político “estamos cuidando la vida, con las políticas de inclusión, fortaleciendo la familia y pensando cómo podemos -de cara al futuro- recrear en este día patrio, los mejores sentimientos, las mejores tradiciones, para impulsarnos hacia un futuro muy próspero”.

Tenemos muchos desafíos por delante y para ello necesitamos tener claro que apostamos a crear trabajo, a la industria, a la infraestructura, a construir, a la educación pública, a los jóvenes, que son nuestro futuro. Y tenemos un Estado fuerte, un Estado que hemos logrado fortalecer en base al trabajo constante y comprometido. Como dice siempre nuestra presidenta “el Estado, que es el gran reparador y el gran constructor, junto al sector privado, para la ayuda, para el crecimiento”.

El Frente para la Victoria es el único espacio político que tiene este proyecto de país, el único que ha mostrado claramente que no está dispuesto a dar el brazo a torcer frente a los embates externos. Hoy podemos celebrar otra vez nuestra Independencia.

(*) Contador – Ministro de Gobierno y Justicia – pre candidato a vicegobernador por el FpV

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