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Cristina retomó la iniciativa política y pondrá al BCRA a disposición de la “economía real”


En el inicio de sesiones ordinarias criticó a Macri y propuso más vuelos a Malvinas.

 

Por Martín de Vedia y Mitre

“Vamos por todo, por todo.” La frase que pronunció fuera de micrófono el lunes pasado ante la militancia que la acompañó en Rosario no la repitió ayer en el mensaje de apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Pero con sus tres horas de discurso, la presidenta Cristina Fernández dejó en claro que no abandonará ninguno de los frentes abiertos y que incluso está dispuesta a reabrir otros que algunos pensaban cerrados, como la reforma del Banco Central.

“La JP llegó al Congreso”, fue uno de los cánticos que se escucharon antes de que ella llegara y que fueron entonados primero en boca de jóvenes que poblaron las gradas del segundo y tercer piso, y después por los propios diputados de ese espacio –Eduardo “Wado” De Pedro, Andrés “El Cuervo” Larroque y Marcos Cleri, entre otros– que se salieron de la vaina por acompañar el mensaje de las organizaciones. Ya después, cuando se cantó la Marcha Peronista, Carlos “El Flaco” Kunkel se levantó de su banca y se sumó al resto de los legisladores.

Así, en un clima festivo en el que la oposición con la nueva composición volvió a jugar de visitante y la muchedumbre se preguntó “y Cobos dónde está”, Cristina tomó el micrófono y analizó durante una hora los números económicos. “La Constitución me obliga”, se excusó, a la vez que adelantaba que sí se iba a referir a los temas subterráneos y combustibles.

En ese clima de expectativa, hasta que aclaró de qué se trataba el mensaje número 291 que mandó como proyecto de ley al Parlamento, hubo muchos que se ilusionaron y otros que temieron por YPF. Pero no, al menos por ahora. La Presidenta decidió reinstalar una polémica que había tomado fuerza en el verano de 2010 por la insurrección de alguien que hoy sólo aparece en las revistas del corazón y anunció que propondrá modificaciones a la Carta Orgánica del Banco Central a fin de que profundice su labor hacia “la economía real” y su tarea como regulador de las actividades financieras. Y así dijo que, en su opinión, “no será necesario modificar la Ley de Entidades Financieras”.

Tampoco evitó hablar de la minería. La jefa de Estado lo miró al diputado nacional y sindicalista Edgardo Depetri para contar la anécdota de cuándo ella y el ex presidente Néstor Kirchner debieron dar marcha atrás a su proyecto de que la mina carbonífera de Río Turbio se reconvierta en un espacio para el turismo y la plantación de ajo. “Hay pueblos que tienen mucho orgullo de ser pueblos mineros y no deben ser estigmatizados”, dijo. Y al destacar que si no hubiera sido por una explotación minera, San Julián sería “un pueblo fantasma”, la jefa de Estado enfatizó: “Es muy loable defender la flora y la fauna, pero primero hay que defender a los seres humanos”.

Con el mismo tono de enfrentar de manera directa la polémica, Cristina criticó con dureza a los opositores y oficialistas que afrontaron a que se hiciera el tren de alta velocidad que iba a unir Buenos Aires-Rosario-Córdoba, y remarcó que todavía el país está “en el marco de la emergencia ferroviaria, en una problemática de un sector que ni siquiera empezó con ‘ramal que para, ramal que cierra’, comenzó en la década del 60 con el plan Larkin”. “Nunca hubo ningún pedido de rescisión notificado al Ejecutivo de ninguna concesión de parte de la AGN”, indicó Cristina para reiterar que no le temblará el pulso para tomar la decisión que sea necesaria una vez que estén listas las pericias sobre el accidente de Once.

De la situación de los ferrocarriles, la Presidenta pasó a lo que llamó “el bochorno” de los subtes para anunciar el regreso de la Policía Federal por otros 30 días más, para ver si el jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, puede hacerse cargo de la seguridad: “¿No puede organizar 240 personas de sus 3.000 efectivos para cuidar el subte?”, se preguntó, y la cámara oficial buscó a la diputada Gabriela Michetti (PRO) para que con la cabeza negara cada uno de los argumentos contra su jefe político. Cristina también le apuntó al concesionario, el Grupo Roggio, primero por la cantidad de obradores de color amarillo PRO en la ampliación de la línea E, pagada por el Gobierno nacional, y después por la denuncia de los metrodelegados de que aplicó un lockout patronal para impedir que funcionaria el servicio.

Inquieta en los momentos de mayores contrapuntos, la transmisión oficial buscó mostrar al partido de centroderecha, el elegido por el oficialismo para plantarse desde la centroizquierda. Y ayer por primera vez la jefa de Estado hizo casi todo su discurso desde el “nosotros”, lo que implica tácitamente la existencia de un “ellos”.

La polarización estuvo marcada también por la oposición, que en las tres horas y quince minutos de oratoria aplaudió solamente en tres de las 100 veces que registra la versión taquigráfica: por las Malvinas, por el análisis de los temas docentes y al juez Baltasar Garzón, según enumeraría luego el duhaldista Eduardo Amadeo. Y aun así, cuando la Presidenta elogió al español por los juicios de derechos humanos y todo el Congreso lo ovacionó de pie, el bonaerense Francisco de Narváez permaneció sentado y con los brazos cruzados.

Al cierre de su discurso, en el que manifestó que muchas veces tiene “dudas de si vale la pena seguir adelante” cuando ve “criticar con tanta facilidad a quienes provocaron tanto daño a nuestra economía y a nuestra gente”, Cristina volvió a llamar a la unidad nacional, pero de un modo muy particular: “Les digo con mucha humildad que no valió la pena tanta pelea, lo que es importante es que nos acerquen mejores ideas y que no se dejen manejar la agenda por tres o cuatro monopolios que les importa un corno ustedes y la Argentina”.

Fuente:diariobae.com