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Cuando el vale todo jaquea a la democracia


Julia Saenz

Es tan asombrosa como inaudita la campaña de prensa que el día de hoy llega a su clímax en la tapa del diario El Sol y que tiene como víctima al Intendente de nuestra ciudad Enrique Tomás Cresto. Entiendo y respeto cualquier tipo de crítica relacionada con la gestión, y en base a la libertad de expresión sostengo y reivindico el derecho que detenta cualquier periodista a plasmar en sus medios las noticias que entienda son relevantes, según su honesto entender.

Pero con el mismo derecho que se toma el editorialista para diagnosticar una enfermedad en base a una página de internet y declaraciones del intendente, interpreto que esta burda operación de prensa no responde a esa finalidad (criticar la gestión) sino que tiene el único objetivo de manifestar el descontento y la afectación del dueño de dicho medio por haber sido desplazado luego de muchos años de la Corporación para el Desarrollo de Salto Grande (CODESAL). No encuentro otro motivo para comprender este ataque furibundo, descontrolado, desquiciado y totalmente artero que transgrede todas las normas elementales del “mejor oficio del mundo” como calificó Gabriel García Márquez al periodismo.

¿Qué razón asiste a alguien que utiliza la bajeza para justificar una supuesta crítica? Quiero destacar de manera especial, para que lo brutal de la primera parte de la nota no lo soslaye, la forma en que concluye el editorialista: “pero donde quedan heridas difíciles de cicatrizar es cuando los políticos traicionan a quienes han facilitado la llegada al Poder mediante esfuerzos superiores a poner el voto en la urna. Claramente esta amenaza velada supera largamente cualquier intencionalidad informativa y en nada aporta o tiene relación con el motivo del editorial.

¿Quiénes son esas personas a quienes las autoridades políticas deben complacer porque su “esfuerzo” vale más que el voto popular? Esta es una de las demostraciones más concretas de lo mal que puede hacerle a una democracia la falta de calidad informativa y la utilización de medios de comunicación con finalidades extorsivas. Gracias a las discusiones en torno al debate por la sanción de una ley de medios para la democracia, que terminó en la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, pudimos entender que el sistema de medios habla mucho de la sociedad misma donde se desarrolla. Introdujimos la posibilidad de pensar que lo que se publica en un diario o sale en televisión no es la verdad revelada y que los hechos tienen puntos de vista. Aprendimos a reconocer lecturas y opiniones -a veces con pretensiones de ser camufladas- de las informaciones, de los datos ciertos que nos hablan de lo que pasó. También supimos que es importante saber sobre la propiedad de los medios: quién/es es/son el dueño y qué otros negocios tiene/n. Todos estos aprendizajes culminaron por demostrarnos que una democracia depende mucho de la calidad informativa y ese standard es responsabilidad de las empresas que se dedican al delicado mundo de la información.

Julia Sáenz
Concejala

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