Rio Uruguay Seguros - organizacion El Galpón

De dónde venimos y ¿hacia dónde vamos?


Columna de opinión – por Pedro Guastavino

Guastavino

Como muchos, me siento un poco cansado de escuchar ciertas calificaciones de referentes del PRO, como las del ministro Frigerio ayer en Gualeguaychú, que sin empachos afirma que “encontramos un país quebrado y sin capacidad de reacción”. Porque recuerdo que hasta hace dos meses, vivíamos en una Argentina que funcionaba sin mayores conflictos, con algunas variables económicas que había que corregir, es cierto, pero nada tan comprometido que permita afirmar que estaba quebrado y que el Estado estaba ausente y sin reacción. Más bien todo lo contrario.

Contábamos con un Estado fuerte y capaz de intervenir en la economía para mediar en el mercado en defensa de quienes no tienen otra forma de defender sus intereses. Y esa, al parecer, es la coraza que el PRO ha venido a desmantelar en estos primeros dos meses de gestión.

Los relatos del PRO alimentan su propia maquinaria, son argumentos tramados para legitimar el ajuste del Estado y el achique de la economía. Las medidas económicas que se han tomado hasta el momento invierten la lógica de la transferencia de recursos favoreciendo al sector más rico de la Argentina, ligado a intereses transnacionales, en detrimento de los sectores populares. En economía siempre es así: lo que se quita de un lado, va a sumar a otro. Ahí radica la diferencia entre un gobierno popular y un gobierno de centro derecha. Lo demás es cuento. Argumento para justificar medidas impopulares. Y después de transcurrido un tiempo de gobierno, echar las culpas a la “herencia recibida” suena cuanto menos a excusa. Ya se tomaron las medidas más extremas a favor de los sectores más ricos, y ya hay miles de familias en la calle: es hora que el nuevo gobierno anuncie medidas para mitigar la difícil situación de los desocupados, de la clase media ante la inflación que no se detiene y para afrontar en serio el proceso de desarrollo que el país necesita.

La Argentina antes del PRO era un país que contenía e incluía, que pensaba en todos y que diseñó innumerables programas para restituir derechos o para crearlos, con la mirada puesta especialmente en una inmensa franja de la población que durante décadas había sido invisibilizada.

Cuando el kirchnerismo llegó al gobierno encontró realmente un país en llamas, una sociedad descreída y sin esperanzas, miles de desocupados en las calles y millones bajo la línea de pobreza. Institucionalmente, a aquel país de presidentes que dejaban el gobierno en helicóptero, de represión y anarquía, realmente le cabía el calificativo de “quebrado”, no sólo económicamente, sino social, política y emocionalmente.

Y aunque se empeñen en decir lo contrario, todo lo que se hizo en ese país de antes del PRO se hizo sin balas en la espalda de nadie, sin pedir documentos sino dándolos, sin palazos ni extorsiones.

Como suele suceder, el que gana escribe su propia historia, lo que no quiere decir que sea la única, ni la única verdad. Una de nuestras banderas ha sido por años la de la memoria. Memoria y conciencia para saber dónde estamos parados, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Que es lo que defendemos. Qué país queremos.

Hoy, la coyuntura política me encuentra en el rol de oposición y junto con mis compañeros legisladores sabemos que se trata de una tarea difícil. Debemos trabajar por mantener un equilibrio y generar consensos que faciliten la gobernabilidad en nuestras provincias y también en la nación, porque a todos los argentinos nos conviene que a este gobierno le vaya bien.

Pero eso no significa quedarse callado y otorgar como ciertas las mentiras que se dicen en función de consolidar un argumento que justifique las medidas que se van tomando. Llamemos las cosas por su nombre. Venimos de una gran Argentina, digna y de pie, que hizo muchísimo, aunque faltó, para no excluir a nadie. Veremos hacia dónde vamos ahora.

Pedro Guillermo Guastavino
SENADOR DE LA NACIÓN

Más información sobre:
#Guastavino- #nacionales- #PRO