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De nombres, identidad y rankings online


Opinión – Por Juan Pablo Portugau

juan pablo

En los últimos días se dio a conocer una aplicación online que permite saber qué nombre fue el más registrado en cada año y en cada década, y cómo fue la evolución del uso de cada nombre a lo largo de la historia argentina. Un aplicación sin dudas muy interesante. Sino fuera por “la selección” definida para presentar la información.

Según dice La Nación (en su edición del viernes 11 de agosto), el nombre de varón más utilizado a lo largo de la historia de nuestro país fue Juan Carlos, y el de mujer más utilizado María. En tercer lugar se ubica María Belén.

Esa información no está accesible de manera directa en la web http://nombres.historias.datos.gob.ar/ pero sí se puede encontrar otra información, como por ejemplo: la popularidad de un nombre a lo largo de los últimos 100 años, compararlo con otros dos, conocer los 10 nombres más registrados en un determinado año o en una determinada década, etc.

El trabajo de recopilación, organización, documentación y presentación es realmente muy bueno. Pero hay un problema. Esto de tener dos o más nombres. Quiero decir: ¿cómo me llamo yo? ¿Juan, Pablo, o Juan Pablo?

Definitivamente, técnicamente, me llamo Juan y Pablo. No Juanpablo. Que no estaría mal, por cierto. Suena lindo, quizás comience a implementarlo. Pero no. Distinto es…. no se… José María? o María José? Nombres que por ser “unisex” se estila (y acá bien vale otro debate, por cierto) el uso compuesto. Pero Juan y José, o Juan y Pedro, son dos nombres en uno.

Yo me llamo así por el Papa Juan Pablo I. Pero bien podría llamarme así en homenaje a Fangio y a mi abuelo, si es que a mis padres les hubiese gustado el automovilismo. El nombre, esa definición de identidad que nos dan los padres, esa marca que nos condena o nos ilumina desde antes de nacer, eso que habla más de nuestros padres que de nosotros… suele ser una suerte de “homenaje”. Y la posibilidad de tener dos o más nombres, es una ventaja que deja contentos a todos los familiares.

Conozco infinidad de “Diegos” nacidos a lo largo de los ’80 y ’90. Pocos Diego Armando. Pero cientos (y no exagero) de Juan Diego, Diego Gabriel, Diego Antonio, Diego a secas, y así. La mayoría, en homenaje al 10. Ese dato, es decir: cómo ha crecido exponencialmente la utilización de “Diego” como nombre en la Argentina desde el 82′ al 94′ no está reflejado en la aplicación que hago referencia. Porque buscaron tomar el nombre compuesto. Un error, de conceptualización, un error al momento de “cargar los datos” y de “interpretarlos”.

No es que el “software” funcione mal. Al contrario. Funciona bien. Pero contabiliza “separado” a Diego, Juan Diego, Diego Armando, Diego Jeremias y Diego Roberto.

Todo esto, es porque se me antojó saber en qué ranking se ubicaba Eva. Y ni en la década del ’40 ni en la del ’50. Ni en los años 1946, 1952 o 1953, Eva figura entre los nombres más utilizados. Habrán, claro, ahora entiendo, contabilizado las “María Eva” por un lado y las “Eva María”, “Josefa Eva”, “Cristina Eva”, etc… por otro….

Hasta el día de hoy, conozco mujeres de todas las edades, de 1 año a 60, llamadas Eva. Algunas como primer nombre, otras como segundo, e inclusive como tercer nombre. Y todas en “homenaje” a la líder espiritual de los descamisados. Es curioso que en un país que parió (simpatices o no, hay que reconocerlo) a la referente mujer del movimiento político – social más importante de Latinoamérica, y a su vez en un país con fuerte tradición judeo-cristiana (y encima con raíz latina, no anglosajona); es curioso que Eva (la primer mujer), no sea figure “en las cuarenta del mazo”.

“Porque el peronismo es un invento”, podrá contestarme una persona de marcada tendencia antiperonista. A la que le pediré una reflexión desprovista de toda pasión, quizás un poco más científica. ¿Porqué en el año 2001 se incluye entre los 10 más registrados Rodrigo Alejandro, y ni ese año ni el siguiente figura Rodrigo? ¿Cuántos fanáticos de El Potro Cordobés le habrán puesto a su hijo Rodrigo, acompañado por el nombre de su abuelo, quizás, para terminar no siendo tenido en cuenta en esta base de datos?

¿Porqué en el 2001 es tenido en cuenta Rocío Belén por un lado y Julieta por el otro? ¿Y las María Julieta, y las Rocío, y las Belén?

Decía Jauretche: por más bien que esté hecho el análisis, si se parte de una premisa falsa, se llegará a una premisa falsa. En la primaria aprendimos que peras y manzanas no se suman. De la misma manera, al momento de ingresar los datos al sistema, deberían haberse separado Juan y Pablo. Porque no es un sólo nombre. Son dos. Y en paralelo compararse los Juan Carlos con los Diego Armando. Así, entonces, tal vez, nos encontremos que Eva está entre los 10 nombres de mujer más utilizados a lo largo de la historia argentina. Pero eso no lo sabremos. Por ahora sólo queda elucubrar.

No por lo dicho la aplicación deja de ser interesante y divertida. Lo es. Pero no útil a la hora de analizar, entender o aproximarse a eso tan complejo como es la identidad, ya sea de una persona o de un colectivo social, y ni hablar si ese colectivo es toda una nación. Una lástima, por el gran trabajo que realizaron los técnicos.

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