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El desafío de la economía que viene


Opinión – Por Adán Bahl *

Adan Bahl

El nuevo período que se va a definir con el voto popular el próximo 22 de noviembre es muy importante y sin duda nos marca dos escenarios muy diferentes. Sin ánimos de entrar en el terreno de la especulación, tenemos muy claro que hay cambios que hace tiempo empezamos a discutir y sobre los cuales no tenemos tiempo que perder para avanzar en el camino del desarrollo.

La crisis internacional afectó mucho a nuestro país. Cayeron las exportaciones disminuyendo la oferta de dólares en nuestra economía y eso hace que nos cueste más también importar productos extranjeros (insumos y maquinaria necesaria para producir) y también satisfacer la demanda de dólares para inversión, ahorro, etc. El fallo del juez Griesa nos impidió conseguir financiamiento internacional que hubiese sido central para poder potenciar las obras de infraestructura en que veníamos trabajando, aumentar los niveles de inversión. Sin embargo, el Estado logró sortear estos obstáculos con políticas que motorizaron la demanda interna. El gran motor de estos últimos años fue el mercado interno, sosteniendo el empleo, la producción, la calidad de vida.

Esto es muy importante cuando miramos hacia atrás, cuando valoramos cómo se afrontaron momentos similares en que la economía no crecía tanto, con ajustes que terminaron sobre las espaldas de los trabajadores y los que menos tienen. Nosotros hemos logrado transitar un período difícil y con muchas turbulencias económicas y financiera sin afectar al empleo. Por el contrario, lo hicimos generando más trabajo, con salarios dignos, con cobertura jubilatoria, con los chicos yendo a la escuela. Esto es y ha sido un gran esfuerzo del Estado y nos señala el camino a seguir.

Hoy la mayoría de los analistas económicos asume que hay correcciones que hacer. Por ejemplo, la caída del precio de nuestros principales productos de exportación hace que haya que replantearse el esquema de retenciones. Este esquema fue muy beneficioso en su momento, pero hoy puede perjudicar a algunos productores. El impuesto a las ganancias quedó desfasado con respecto a la inflación y se tornó regresivo, siendo un impuesto de naturaleza progresiva que grava más a quién más tiene. La escasez de dólares se tornó un límite para el crecimiento de la economía, es un tema muy delicado porque incide en el control de cambios y el valor de nuestra moneda. Es decir, hay un conjunto de medidas que deben analizarse en profundidad para que al momento de llevarse adelante no causen efectos indeseados, o bien, se pueda minimizar su impacto negativo.

Sin dudas, uno de los grandes desafíos del 2016 será resolver los obstáculos necesarios para encauzar el desarrollo de las provincias y del país. Como bien sabemos, en cada medida económica hay ganadores y perdedores, no es un juego de suma cero. En ese marco es que entendemos que el Estado tiene que jugar un rol fundamental que siga teniendo como objetivo central a la inclusión y la justicia social.

Hay medidas que mal implementadas pueden ser peor remedio que la enfermedad misma. Por ejemplo, una devaluación brusca tiene efectos de corto plazo muy nocivos en pos de beneficios futuros que a veces son difíciles de aprovechar, o que los aprovechan sectores concentrados de la población en detrimento de otros. Si hay una política devaluatoria “de shock“-como la llaman los economistas, algo inesperado y rápido-, lo más probable es que la devaluación se traslade a precios. Cuando se devalúa la moneda, los precios de los productos argentinos se hacen más baratos en el resto del mundo, lo que aumenta su demanda. Eso en parte es bueno ya que mejoran las exportaciones, pero esos mismos productos entonces tienen una demanda externa (en dólares) que compite con la demanda interna (en pesos devaluados). Es lógico desde el punto de vista económico que el productor priorice vender en dólares o subir los precios en pesos para el mercado interno, generando inflación. Al mismo tiempo, la devaluación encarece las importaciones aumentando algunos costos de producción (maquinarias, insumos importados) que también terminan trasladándose a precios. Es decir, el efecto es distinto según desde donde lo miremos.

Por otra parte, los cambios graduales a veces necesitan grandes niveles de consenso, ajuste de expectativas económicas, confianza y también mucha paciencia, porque los resultados se dan también gradualmente. El gradualismo implica secuenciar medidas, establecer prioridades, tener una agenda de corto, mediano y largo plazo.

Nosotros tenemos la total confianza y seguridad en que el nuevo período que empezamos en la provincia va a ser el del desarrollo. Es momento de reafirmarnos sobre los logros que hemos conquistado afrontando los nuevos desafíos para los que nos preparamos tanto tiempo. Esos desafíos van desde lo político a lo económico, lo productivo y lo social.

Por eso confiamos en que nuestro Estado tenga un rol central en el diálogo con todos los actores sociales, políticos y económicos, que sirva a la articulación y que avance en el diseño de políticas públicas para mejorar la calidad de vida de los entrerrianos. Sin duda tenemos decisiones importantes y sensibles por delante, pero también la fortaleza necesaria para hacerle frente a los desafíos.

*Ministro de Gobierno y Justicia. Vicegobernador electo.

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