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“El movimiento obrero argentino sigue en la encrucijada”


Columna de Opinión – Por Fernando Adrián Zapata

macri para la mano

Las tensiones de la economía y sus crisis, así como de las problemáticas sociales y culturales, se esparcen, desde hace décadas, en diferentes ámbitos.

El movimiento obrero argentino,un sector con gran peso en el correlato político nacional,es uno de los sectores sociales que más está siendo atravesado por las diferentes tensiones ya mencionadas, repercutiéndole profundamente, tanto en sus polémicas internas, como también en su proyección hacia otros sectores de la sociedad.

De hecho,y sin irnos muy en retrospectiva, el movimiento obrero argentino que conocemos actualmente, restaurado desde la recuperación democrática de 1983, atravesó varios períodos de la vida del país, impulsando y acompañando vitalmente grandes avances económicos, sociales y culturales.

La resistencia ante la última dictadura cívico-militar, al igual que a tantas otras anteriores, fue ejercida desde el movimiento obrero en general y como parte de toda la justa resistencia democrática del pueblo argentino,mientras no todas las direcciones sindicales o centrales obreras lo hicieron oficialmente.

Peor aún: algunos de sus dirigentes colaboraron y hasta “soplaron y buchonearon” a otros trabajadores en justa resistencia y lucha democrática, trabajadores que hoy están desaparecidos o que, directamente, fueron cruelmente asesinados por comandos genocidas del Terrorismo de Estado.

Las rupturas sindicales-gremiales ocurridas desde esos años hasta ahora,nos presentan,hoy por hoy,a cinco (5) centrales obreras: tres (3) CGT y a dos (2) CTA, casi todas de filiación doctrinaria peronista, de manera explícita o implícita, con construcciones y estructuras demasiado burocratizadas, con jerarquías bastante cercanas a tal o cual dirigente político de turno,jerarquías alejadas de la autonomía que debiera tener todo sindicato, gremio o central obrera,jerarquías alejadas de los trabajadores de base, muchos de los cuales no se sienten representados por tales direcciones y suelen desafiliarse o formar grupos propios de trabajadores autoconvocados (recordemos el origen de los movimientos “piqueteros”, “fogoneros”, “m.t.d. (movimientos de trabajadores desocupados y precarizados) y “empresas recuperadas” (convertidas en verdaderas cooperativas con ganacias y mejoras, sin “punteros” ni burócratas), por fuera de las representaciones tradicionales,para llevar adelante sus propias reivindicaciones de trabajadores de base, luchando en solidaridad junto a otros sectores sociales como movimientos de aborígenes, de estudiantes e intelectuales, ambientalistas, vecinos, etc.

Más recientemente, durante los últimos años del kirchnerismo y ahora,durante los primeros meses del macrismo,la posición de tales jerarquías sindicales y gremiales sigue “viboreando”, yendo de un lado al otro, sin definiciones programáticas claras ni precisas,casi en mera expectativa, para ir “siempre detrás de los acontecimientos”, embanderándose tras uno u otro candidato o dirigente político-partidario afín, casi como “negociando” la dignidad obrera,mientras sus trabajadores afiliados y representados reclaman y urgen, desde hace décadas y años, en pos de decisiones más firmes y más preclaras,que tales dirigentes convoquen e integren ampliamente a otros sectores sociales,democráticos y populares, para lograr mayores conquistas y avances en todo lo referente a la vida laboral, en particular,y a la vida comunitaria ,en general.

Se puede ser dirigente gremial y sindical y definirse ideológicamente como peronista, radical, comunista, socialista, maoísta, trotskista,anarquista o anti-partidista, o definirse practicante de una creencia, religión o ateo, etc, siendo todo esto válido, respetable y genuino porque forma parte de la democracia del país, pero la autonomía de cualquier dirigente en cualquier organización gremial-sindical implica que, si uno es votado y elegido por sus compañeros trabajadores, entonces, debe priorizar ese compromiso colectivo institucional,por sobre las demás afinidades, preferencias u orientaciones, cuestión que, lamentablemente, no siempre ha sido ni respetada ni cumplida por varios dirigentes gremiales y sindicales.

Pensemos en esto cuando nombramos a la mayoría de los actuales dirigentes gremiales y sindicales…

Evidentemente,el recambio generacional del movimiento obrero argentino deberá también,o por sobre todo,generar otro tipo de sindicalismo y gremialismo: una nueva dirección de la clase trabajadora que esté realmente dispuesta a tomar la iniciativa, con ideas claras, con firmeza en su avance y con autonomía frente a los intereses corporativos, con democracia y pluralismo hacia dentro y hacia afuera, con dignidad y claridad de objetivos, sin sectarismo ni oportunismo, sin “negociadores” ni “transeros”.

Y esto demuestra,también que,como en tantas otras instituciones,la democratización del movimiento obrero deberá surgir desde adentro mismo y desde abajo, desde sus propias bases,desde sus propios principios y, principalmente, desde sus propios trabajadores,quienes, día a día, luchan por mejoras y cambios profundos,cambios que sean verdaderamente dignificadores e integradores, unificadores y liberadores.

“Gratitud de clase obrera”

Tres patrones me robaron
mi trabajo y mi sudor,
pero hoy voy con todo el pueblo,
con fervor trabajador.
Esos ricos me dejaron
sin trabajo ni salud,
pero el triunfo del obrero
me dará gran gratitud.
Gratitud de clase obrera
conquistando más derechos,
por la unión, ya sin más guerras,
por un cambio más fraterno.
Arribistas de un gobierno
del dinero y del burgués
me mintieron…¡pero el pueblo
sé que llegará al poder!
Y un gobierno de burgueses
reprimió a mis compañeros,
pero el pueblo lucha y crece;
¡cultivando el justo anhelo!
Lucha y crece el paso obrero,
consiguiendo el bienestar,
¡el futuro, el pan del pueblo,
la igualdad, la libertad!!!

Fernando Adrián Zapata

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