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Entre Ríos y su mejor tradición artiguista


En una nota de opinión publicada en el diario Tiempo Argentino, en su edición de este miércoles 26 de marzo, se brindan algunas reflexiones respecto a la figura y al Gobierno de Sergio Urribarri y “los logros de una provincia que reafirma su dimensión geopolítica histórica”. El artículo, titulado “Entre Ríos y su mejor tradición artiguista”, es una reflexión de Federico Bernal, Director general del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas (CLICET).

El artículo se trascribe textual a continuación:

Urribarri y Artigas

En el acto de cierre del exitoso Tercer Plenario de Políticas Públicas para la Provincia de Buenos Aires –evento organizado por el vicegobernador Gabriel Mariotto y realizado el pasado 26 de febrero en el Club Banfield– el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri se dirigió a los presentes con su sello característico: “Este proyecto de Néstor y Cristina tuvo la valentía de desenterrar a los Artigas, Belgrano, San Martín y Bolívar, y junto a otros presidentes como Evo Morales, Dilma Rousseff, Lula, Chávez y Maduro, lograr la verdadera unidad latinoamericana que soñaron esos próceres. Por eso estamos y estaremos con este proyecto”.

El litoral de sabia genuinamente artiguista y revolucionaria vuelve a pisar fuerte en la política nacional y a contrabalancear de forma progresiva a la Santa Fe rendida a los pies del mitrismo. La Argentina semicolonial ha tomado nota. En el día en que el Senado dará media sanción al acuerdo con Repsol por la expropiación del 51% de las acciones de YPF, vaya el siguiente y humilde homenaje al entrerriano que recomendó a Miguel Galuccio a la presidenta de la Nación. Humilde homenaje a un entrerriano kirchnerista, peronista y artiguista ya temido y detestado por el granero del mundo. Revolución en Entre Ríos ‘San Luis, otro país’, rezaba el lema de los Rodríguez Sáa en sus últimas campañas electorales, tanto provinciales como nacionales. Allí sintetizado el federalismo reaccionario, el unitarismo de provincia. Es que no hay federalismo sin nación, ni nación sin provincias.

Nótese cómo Urribarri contextualizó los avances de Entre Ríos en su discurso en el aludido Tercer Plenario: “Hoy Entre Ríos es otra provincia. No es la provincia marginal que teníamos diez años atrás”. ¡Entre Ríos es otra provincia! Y no cabe la menor duda que lo es. Algunos datos de su magnífica transformación: figura a la cabeza de los mayores crecimientos de PBG provinciales registrados de 2003 a esta parte, crecimiento que derramó en desarrollo económico, modernización productiva, empleo, inclusión social y bienestar popular. Desde 2003, los hogares con agua se incrementaron en un 21% (24% promedio nacional), los hogares con electricidad en un 32% (39% promedio nacional), los hogares con gas un 459% (39% a nivel nacional), los hogares con Internet un 758% (702% nivel nacional) y el parque automotor un 107% (98% nivel nacional).
Urribarri, reelecto en 2011 con el 55,93% de los votos (récord absoluto para la provincia), asumió la gobernación por primera vez en diciembre de 2007.

Entre Ríos pasó de ser una provincia de pasto y vacas, con una población excluida y pobreza extrema, a una potencia agroindustrial, con más de 800 nuevas pymes en los últimos seis años, un incremento de sus exportaciones del 377% y una tasa de desocupación del 5,3%, la más baja del país después de Misiones. Al día de hoy, tiene el 92% de la población con agua potable y 81% con cloacas (cuando asumió en 2007 un tercio de los entrerrianos carecían de este servicio). Desde 2008, se llevan invertidos 1074 millones de pesos en decenas de nuevas escuelas, alcanzando récords históricos en la matrícula estudiantil: 54% más de niños van a la escuela, mientras que la tasa de analfabetismo cayó de un 2,8% en 2008 a un 1,8% en 2013.

La clase media entrerriana se expandió un 48% durante sus dos gestiones, casi 15 puntos porcentuales por encima de la media nacional. Al cerrar su primer mandato, redujo en 2 puntos el índice de mortalidad infantil, ubicándolo en su mínimo histórico provincial y por debajo de la media nacional.

Desarrollo y modernización

Unas semanas atrás, en el acto de presentación en Paraná del Plan Quinquenal 2014- 2018 impulsado por el Ministerio de Planificación Federal en su versión para la provincia, Urribarri señaló: “Entre Ríos siempre estuvo soslayada de los grandes planes de infraestructura. Después del gobierno de Perón, pasaron 50 años durante los cuales estuvimos aislados. Y esa cuestión histórica, parecía que iba a seguir, con argentinos de primera y de segunda, hasta que llegó Néstor”. Las obras de infraestructura viales y energéticas encaradas y gestionadas por el Ministerio de Planificación que apuntalaron el desarrollo del país no son una prebenda, como intentan imponer los medios de una Argentina pobre, atrasada y dependiente. Por el contrario, fueron y son impulsadas por las progresivas necesidades de desarrollo y demanda de cada provincia, sin excepciones.

Allí donde hay desarrollo socioeconómico, el Estado Nacional junto con los estados provinciales y municipales rinden tributo al federalismo artiguista y avanzan en la modernización del país. Entre diciembre de 2007 y diciembre de 2012, las exportaciones de productos primarios entrerrianos medidos en dólares FOB crecieron un 44,4%, pero las provenientes de productos agroindustriales e industriales lo hicieron un 115,3% (DEC Entre Ríos). Téngase en cuenta en la diferencia el espectacular incremento del precio internacional de la soja, producto que explicó en 2012 cerca de un 20% del total de las exportaciones primarias.

Se explica así que el consumo de electricidad en Entre Ríos se haya expandido desde enero de 2011 a enero de 2014 un 24,5 por ciento. La red vial primaria fue reconstruida en más del 70%, rutas reasfaltadas por doquier, nuevas autopistas, etcétera.

Específicamente, el campo entrerriano cuenta con más de 2500 kilómetros de caminos secundarios de broza, ripio y riego químico. Se comprende así la impresionante expansión tanto del sector primario como de productos agroindustriales, cuyas exportaciones crecieron un 50% entre 2012 y 2006.

La cuestión federal

En editorial titulada “Federalismo y sumisión” publicada el 9 de marzo pasado, el diario La Nación escribió: “El esfuerzo de integración nacional a partir de 1862 impulsado por un presidente porteño y tres provincianos no solamente consolidó un exitoso ‘modelo agroexportador’ que levantó el nivel de vida de toda la población, sino que también fue un ‘modelo integrador’ que creó capital social y físico en todo el territorio de la Nación. Un federalismo en serio”.

Se refiere por supuesto a la presidencia de Bartolomé Mitre, esa que fuera descripta por el excepcional historiador canadiense Ferns en estos términos: “Cuando Mitre asumió como presidente constitucional… uno de los objetivos de la política británica se había alcanzado”. La primera medida de Mitre como presidente de la República fue anular los gobiernos provinciales, en poder de caudillos que se negaban a dejarse arrollar por el despotismo porteño, los telares de Manchester y la alfarería y ferretería de Worcester y Sheffield. El federalismo de masas, esto es, el popular, verdaderamente democrático, suramericano y revolucionario (por su continuidad y afinidad con el Plan de Operaciones de Moreno y Belgrano) fue artiguista. Pero una poderosa Confederación suramericana en el territorio del antiguo Virreinato era un lujo que Gran Bretaña no podía darse. Artigas, o mejor dicho y parafraseando al brigadier Pedro Ferré, el primer patriota argentino, fue derrotado por las fuerzas porteñas, antipopulares, antisuramericanas, librecambistas y probritánicas. El balance de los 120 años que sucedieron al destierro de Artigas es fiel reflejo de esa derrota, hasta, claro está, la revolución de los coroneles.

Federalismo de masas: federalismo de recursos

“El gobierno militar de 1943 aconsejó un modelo nacionalista, autárquico y defensivo”, nos cuenta La Nación en igual editorial, modelo que desembocó en “el primer gobierno peronista, en versión demagógica y totalitaria”. Fue a partir de entonces que comenzó la irrefrenable debacle: “Se expandió el gasto, se nacionalizaron los servicios públicos y se utilizó el Banco Central y su seudópodo, el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), para financiar la sustitución de importaciones con emisión monetaria y la renta del campo”. ¡Era el federalismo de Artigas renacido en su máxima expresión! La riqueza y los resortes estratégicos de la nación en manos de las grandes mayorías y para usufructo de la totalidad de las provincias. Es, en definitiva, el federalismo de masas renacido en mayo de 2003, el “federalismo de recursos”, al decir de Urribarri.

La oligarquía ha tomado nota. Aumenta la ascendencia de un entrerriano genuinamente kirchnerista, que reconstruyó su provincia al ritmo de la reconstrucción del país. Urribarri recomendó a la presidenta al actual número uno de YPF, responsable de la excepcional recuperación de la petrolera de bandera. Y no sólo eso. Ahora parece estar directamente involucrado en la difícil pero fundamental tarea de tejer una alianza de hierro entre los pequeños y medianos productores, las cooperativas y el Estado, para profundizar la recuperación del sector agropecuario argentino por vía del control de la comercialización interna de productos y subproductos del suelo.

En fin, un gobernador admirador de Artigas nuevamente en el corazón del litoral, y como si fuera poco, acompañando en sus dos últimos plenarios de políticas públicas al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires y uno de los artífices de la Ley de Medios.

Un litoral artiguista y revolucionario sin dudas reafirmará la dimensión geopolítica histórica y estratégica del programa por una Patria soberana, justa, moderna y democrática.

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