Rio Uruguay Seguros - organizacion El Galpón

F. Zapata: “Los crímenes políticos en Argentina”


Fernando Adrian ZapataColumna de Opinión – Por Fernando Adrián Zapata

El reciente hecho violento en el cual Ariel Velásquez, un joven militante jujeño cuya identidad partidista fue objeto de disputas entre varios partidos políticos, fue baleado por la espalda durante el proceso electoral y falleció víctima de tal ataque, reavivó un triste pero recurrente tema en la opinión pública.

Ariel Velásquez

Ya nos hemos referido acerca de la violencia como factor histórico en diferentes momentos y situaciones de nuestro país,desde la resistencia contra la dominación colonial, en el período independentista, en las guerras civiles, en las masacres contra aborígenes y esclavos, y en las persecuciones antiobreras y antidemocráticas, durante prolongados períodos oligárquicos y dictatoriales.

El problema se agrava cuando analizamos los hechos violentos durante períodos de legalidad democrática, de “estado de derecho”, de institucionalidad,de republicanismo formal.Ahí es cuando el problema de la violencia política adquiere una gravedad inusitada,porque contradice y derriba el principio básico de toda convivencia democrática.

Un libro bastante reciente al respecto,”Represión en democracia”, de la Correpi (Coordinadora contra la represión policial e institucional”,recopilado por la abogada María del Carmen Verdú), libro que en cierta manera es visto por muchos como una continuidad investigativa del libro “Nunca Más” de la CONADEP (Comisión Nacional contra la Desaparición de Personas) de inicios de la democracia legal de 1983, y pone el acento y el énfasis en ciertas continuidades de políticas represivas sobre las mayorías populares, continuidades represivas que expresan una situación de desigualdad económica y socio-cultural, en cuyo seno de inequidades se debate el control y el disciplinamiento del pueblo por parte de los sectores dominantes.

En tal sentido,la nefasta “Ley Antiterrorista”, el “Proyecto X”, y el complejo y profundo sistema de control de inteligencia estatal, legal y semilegal, aplicado sobre diferentes actores sociales como trabajadores y gremialistas combativos, asambleistas, estudiantes, profesionales, artistas, ambientalistas y ecologistas,pueblos nativos que reclaman sus tierras profanadas frente a la voracidad de las multinacionales y los negociados,entre tantos otros,viene a contradecir varios discursos de “derechos humanos” meramente retrospectivos y parciales y de reales represiones.

Si pensamos en hermanos del pueblo como Víctor Choque, Jose Luis Cabezas, Miguel Bru,Maxi Kosteky y Dario Santillán, Mariano Ferreyra, Silvia Suppo, Jorge Julio Lopez, la dudosa muerte del fiscal Alberto Nisman, y ahora Ariel Velasquez, además de tantos casos de “gatillo fácil” y asesinatos a manos de patotas y sicarios, mafias y matones, el panorama social para la militancia democratica no es nada alentador a lo largo y a lo ancho de nuestro país.

El Estado debería garantizar la plena libertad que emerge de la Constitución Nacional, reprimiendo el crimen en todas sus formas, y fomentando la más amplia participación del pueblo en los asuntos de la vida pública, base y entraña misma de la convivencia,el intercambio de ideas, la crítica constructiva, el debate y el aporte político, cultural y social, para enriquecer y transformar la sociedad y el país.

Lamentablemente, cada uno de estos crímenes políticos, no sólo que no ayudan en nada, sino que, peor aún, agravan y cuestionan la naturaleza misma de la formalidad democrática, del Estado y sus instituciones, y en fin, plantea la urgente necesidad de cambios verdaderamente profundos, de cambios en la práctica política, social y cultural.

No pueden generar esos cambios los mismos que nos llevaron a esta terrible y fatal situación de violencia y represión,de injusticias e inequidades,situación a la cual, muchas veces,quieren afrontarla con más violencia legal, clandestina y semilegal, con fuerzas represivas “de la ley y el orden” y también con patotas y sicarios, mafias y matones, siendo estos últimos elementos los brazos violentos que suelen hacer “el trabajo sucio” que no pueden hacer las fuerzas represivas regulares y de la ley, tal como los tristemente célebres “grupos de tareas” y “guardias blancas” de horribles períodos dictatoriales y antidemocráticos de nuestra historia argentina.

Esa horrorosa situación de evidentes crímenes políticos,que resulta de políticas antidemocráticas y antipopulares que ni el liberalismo ni el populismo han querido ni logrado erradicar, y que, peor aún, la han usado y consolidado, parece como si se tratase de “grupos de choque” listos para ser usados cuando se lo considerase “necesario” desde viejos sectores de poder.

Un cambio verdaderamente progresista debe luchar también contra esta horrorosa situación.

“Los crímenes políticos”

El puño y el garrote se entrecruzan
en calles de memoria ensangrentada,
los pobres que reclaman en las urnas
también van por las rutas y puebladas.
Mercado, Estado, bancas, dinerales,
trazaron una línea divisoria
a quienes ya no pueden aportarles
solvencia en la ecuación trabajadora.
Algunos han pagado con sus vidas
la reivindicación de otros hermanos.
Y hay otros, que engordaron cada día
con lujo, a costa de los castigados…
Las leyes, con sus lados y reversas,
son, varias… frías y sin corazón.
Persiste, aún así, la fuerza obrera;
no todo está perdido si hay unión…
Las crisis nos templaron, desde antaño,
a fuerza de brutal necesidad.
Los cambios que, de algunos, esperamos,
¡nosotros los debemos cultivar!!!

Fernando Adrián Zapata

Más información sobre:
#nacionales- #opinion- #violencia