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“Frente a los justificadores de lo injustificable”


(Columna de Opinión – por Fernando Adrián Zapata)

corrupcion

Una de las preguntas que muchísimos ciudadanos argentinos, hermanos del pueblo, sencillos “hijos de vecino”, y humilde “gente de trabajo” (y como de tantas otras maneras solemos definirnos), que vuelve una y otra vez, de tanto en tanto, gira en torno a la cuestión de la moral social, la ética pública, los compromisos y pactos de convivencia, el famoso “contrato social” o “valor cívico y republicano” en los cuales se basa toda sociedad o comunidad humana.

En efecto, desde nuestra historia, en tiempos coloniales y en tiempos más próximos y aún actuales, hubo (y aún hay) grupos independentistas que soñaron y pusieron en riesgo sus logros materiales y lo más invaluable: la vida, en favor de un ideal de unión y liberación.

No es un rescate histórico más, sobre todo, teniendo en cuenta que estamos cursando el 200 Aniversario de la Independencia Nacional, y aún hoy hay varias cuestiones que, evidentemente, como sociedad, no hemos podido, o sabido o querido resolver.

Uno de los primeros análisis al respecto fue la consigna de Esteban Echeverría “Mayo, Progreso, Democracia”, quien sostuvo que no nos sirve expulsar la dominación imperial sin expulsar a los opresores locales, retomando el legado de la Revolución de Mayo (y, en particular, de Mariano Moreno), enfrentando la criminal persecución dictatorial del pro-británico Juan Manuel de Rosas.

Posteriormente, una de las producciones literarias consideradas como “obra cumbre de la argentinidad”, el célebre y muy polémico libro “Martín Fierro”, de José Hernández, vino a desenmascarar las injusticias que sufrían los más humildes, los honestos, los más necesitados, frente a una puja de intereses de las clases dominantes, sin que ello tampoco eximiera de contradicciones al mismo seno del pueblo: abunda el racismo, el arribismo, la poca o casi nula solidaridad, y sobran las muestras del oportunismo (recordemos al “Viejo Vizcacha”: “hacete amigo del juez…”).

También uno de los pioneros de la fundación del Socialismo argentino, el Dr don Juan B. Justo analizó la corrupción legada de la “Generación del 80” mediante lo que él denominó “la viveza en la política criolla”, es decir, el reparto de privilegios entre diferentes dirigentes de la política burguesa, mientras la clase trabajadora enfrentaba durísimas condiciones de asedio y persecución gremial, racial, xenofóbica, política y partidaria.

Luego, otro gran socialista como el Dr José Ingenieros, denunció la alienación anticultural y antisocial en su brillante libro “El hombre mediocre”, señalando las problemáticas acerca de los valores socio-culturales en una población sufrida, marginada, con grandes necesidades de conocimiento, de unidad y de solidaridad mancomunada.

Posteriormente, podría decirse que el radical, forjista y pionero del peronismo, don Arturo Jauretche, también retomó algunas de esas problemáticas en sus escritos publicados como “Manual de zonceras argentinas”, evidenciando que hay ciertas contradicciones en la ética y en los valores socio-culturales que siguen atravesándonos como comunidad.

Todos los años que atravesó nuestro país durante el siglo veinte, de dictadura en dictadura, con las consiguientes secuelas de muerte, miseria, terror y odio, tal como la mayoría de nuestros hermanos pueblos latinoamericanos, no contribuyeron a que nosotros, los argentinos, como pueblo, lográramos tender brazos firmes, plenos y unificadores de solidaridad social y colectiva entre nosotros.

La última recuperación democrática de 1983 abrió rumbos a una esperanzadora renovación, a una búsqueda de mancomunión que no negase diferencias de ideas, y que sí nos permitiese convivir, coexistir, disentir y dialogar con respeto, con libertad, con propuestas constructivas más generalizadoras, con ciertos objetivos en común, pero la corrupción que llega hasta nuestros días (rebelión popular del año 2001 mediante, y su estéril consigna “¡Que se vayan todos!!!”), junto con la apatía social e indiferencia antipolítica, hicieron casi imposible la concreción y realización de tal esperanza, de tal búsqueda, de tal propuesta integradora.

Duele e indigna, furiosa y profundamente (y por sobre las diferentes banderías filosóficas, ideológicas, político-partidarias) no sólo comprobar tantos innumerables hechos de corrupción, latrocinio, robo oculto y/o descarado a nuestro pueblo argentino de ayer y de hoy, sino, peor aún: encontrarse con “justificadores de lo injustificable”, con “legitimadores del poder”, con “negadores seriales” de tales prácticas sucias y hechos repudiables, tan anti-sociales y anti-culturales, sólo por meros motivos de pertenencia grupal, de conveniencia personal, de arribismo abyecto, de corporativismo sectario, de oportunismo visceral, de repugnante hipocresía.

Semejante “ceguera” suele recordarnos a la negación que aún ocurre con algunos genocidios y matanzas, con las mal llamadas “limpiezas étnicas y raciales”, con crímenes de guerra imperiales y autóctonos, con regímenes dictatoriales y con propagandas de odio y violencia que tanto siguen abundando en todo el mundo.

La horrorosa frase del “roban pero hacen”, el “todo es mentira de otros intereses”, “todos roban y yo tengo que zafarla”, etc, se han instalado, tan en lo profundo de nuestra argentinidad, y en diferentes sectores sociales y en diversas franjas etarias, que, evidentemente, no será nada, nada fácil erradicarlo en un lapso breve de tiempo, sin generar alternativas sociales y culturales superadoras, dignificantes, unificadoras y liberadoras, es decir: verdaderamente democráticas y participativas, verdaderamente transformadoras y progresistas.

“Usura, bancarrota, endeudamiento”

Finanzas de agrios especuladores
negocian con mafiosos y corruptos;
dinero sucio para trepadores,
dinero sucio con gobiernos sucios.
Estafas públicas legalizadas
se ciernen sobre hipócritas gestiones;
conflictos de odio y hambre se desatan,
sangrando en víctimas de represiones.
Sin ética ni escrúpulos, maniobran,
espurios intereses, para algunos;
destruyen la política, y se cobran,
a precio vil: el pan, la paz, el mundo.
Ganancia en pocas manos, privilegios
y acuerdos “a escondidas”… nos dominan.
Usura, bancarrota, endeudamiento,
someten a las pobres mayorías…
Habrá que persistir; organizarnos,
y unirnos, desde abajo, cada pueblo.
¡Habrá que unir ideas, puños, manos,
con ímpetus de dignidad y anhelos!!!

Fernando Adrián Zapata

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Comentarios
  1. MUCHAS GRACIAS,DIARIO CONCORDIA,POR EL ESPÍRITU DEMOCRÁTICO Y PLURAL,SIEMPRE!!! ABRAZOS A TODOS!!!