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Jauretche: “No andar el camino posible es renunciar a cambiar la historia


En el marco de una nueva charla debate del ciclo Patria Grande, el historiador Ernesto Jauretche conjugó anécdotas de su experiencia personal con conceptos sobre la construcción del movimiento nacional y popular. Desde sus primeras vivencias en una familia peronista hasta la lucha que encarnó junto a sus compañeros fueron parte del recorrido. Como miembro de una organización que tomó las armas para defender sus ideales, subrayó que “el fin no justifica los medios” y que “no andar el camino de lo posible es renunciar a cambiar la historia”, algo que consideró está vigente en la actualidad.

Ernesto Jauretche

Una sala llena con personas de diferentes edades, entre los que se destacaban un gran número de jóvenes, recibió este jueves a Ernesto Jauretche en La Vieja Usina de Paraná. Allí, el periodista, militante e investigador histórico habló sobre la forma en que se fue construyendo el ideario de una generación que según explicitó “era demasiado joven para entender a Perón”. Se trató de la cuarta charla del ciclo Patria Grande llevado adelante por el gobierno provincial para debatir y reflexionar sobre temas vinculados al proyecto nacional y latinoamericano. La actividad contó con la presencia del ministro de Cultura y Comunicación, Pedro Báez, cuya cartera impulsa la propuesta, entre otras autoridades provinciales y locales.

El disertante fue presentado por el historiador Francisco Senegaglia, quién lo definió como “un compañero que ha sufrido el exilio y otras cosas muy sentidas a lo largo de su militancia. Mas allá de su pensamiento, lo que el tiene para compartir es su experiencia”. La introducción del entrerriano fue muy acertada, ya que el mismo Jauretche se definió como “militante político de una causa. No soy un orador académico y me gusta estar al mismo nivel que ustedes”, aseguró mientras se bajaba del escenario para “ver a quién le hablo”. Resaltó luego la presencia de los jóvenes y les dedico la charla, “porque creo que es su momento. El nuestro ya pasó. No nos arrepentimos de nada de lo que hicimos, pero ahora es el momento de los jóvenes”.

Senegaglia comentó también que la semana entrante, al cumplirse un nuevo aniversario de los fusilamientos de José León Suarez, se realizará en Paraná un homenaje a Carlos Livraga, quién sobrevivió aquel episodio y permitió la reconstrucción de los hechos. En la oportunidad se presentará ante la comunidad el documental denominado Los Troxler, una producción audiovisual realizada desde el Ministerio de Cultura y Comunicación en la cual trabajó un equipo entrerriano.

La construcción de una identidad

Comenzó luego un relato donde fue conjugando anécdotas de su vivencia personal con el momento histórico donde sucedían, dando de esta forma ejemplo concretos de cómo se fueron construyendo los conceptos que abonaron el peronismo y la identidad de su propia generación. Sostuvo que siendo parte de una familia peronista, “el golpe del 55 fue el fin de la felicidad, porque separó la familia. Yo iba a la cárcel a visitar a mi mamá, que compartía el espacio con las putas y otras peronistas. Un día nos enteramos que ellas compartían entre todas lo que les llevábamos, no eran personas individuales sino un colectivo y nos dimos cuenta que nosotros también empezábamos a ser un colectivo”.

“Había gente de todas partes del país, y vimos que éramos distintos, aún entre nosotros había mucha diversidad. En todas partes había juventud peronista, pero no éramos orgánicos éramos muy intuitivos. Nos juntábamos a conmemorar fechas como el 17 de octubre, cantábamos la marchita como si fuera un grito de guerra y ahí éramos todos iguales. Así fuimos construyendo una identidad”, señaló. Tras contar como llevaban correspondencia de presos políticos como John William Cooke, indicó que fue como descubrieron que “el enemigo era vulnerable. Además, aprendimos en la democracia de los mejores, porque elegíamos a los mejores de nosotros para ser delegados sindicales, con las consecuencias que sabíamos eso acarreaba. Ser peronista, era ser un ciudadano al margen, ser humillado. Nos peleábamos con los troscos, que terminaron siendo mas peronistas que nosotros, porque ellos nos trajeron debate y nos obligaron a pensar”, dijo el periodista.

La influencia de Jauretche

Comentó a su vez, el método de lectura y debate constante de textos que realizaban en grupos, con lo cual fueron conociendo diferentes pensadores y políticos. “También empezamos a aprender con alguien como mi tío, que fue uno de los primeros que planteó las cosas con conceptos claros”, sostuvo, refiriéndose a trabajos como el Plan Bredich o Politica y revisionismo histórico. “Con el planteo de Patria chica, Patria grande nos rompió la cabeza y empezamos a entender donde estábamos parados. Iniciamos así la construcción de nuestras propias ideas. Paralelamente a esto, la clase obrera se movilizaba en la calle y se fue debatiendo entre dos posturas, una que quería dejar la estructura como estaba y negociar con el establishment y otros que no negociaban sus derechos derechos”.

“Ni Jauretche, ni Cooke, ni Perón inventaron el peronismo, sino todos nosotros. No tuvimos que leer y después aplicar la teoría sino que la vivimos, porque no hay manera de construir identidad sino es a través del ejercicio político. Elaboramos un programa que tenía cinco puntos con reivindicaciones concretas que defendíamos y eso fue fundamental para construir nuestra identidad. Después aparece la CGT de los argentinos y termina de cerrar el círculo ideológico, porque desde los planteos de igualdad y derechos sociales invita a todos a participar de un proyecto de país. Eso termina de definir ideológicamente al peronismo”, agregó el historiador.

Profesionalizar cuadros

Aseguró que tras una cadena de insurrecciones juveniles “vino El Cordobazo, que no eran estudiantes y obreros, sino estudiantes obreros. Aunque no teníamos organicidad se compartían las mismas ideas. Las organizaciones político militares le incorporan al peronismo lo que necesitaba para ser capaz de tomar el poder. Éramos una corriente que empezaba a discutir como seguíamos después del Cordobazo, el secuestro de Aramburu y la muerte de Vandor. Ahí fue donde definimos que había que profesionalizar los cuadros y armamos grupos políticos donde cada uno llevaba su problema, se discutía y se volvía al lugar donde uno trabajaba o vivía con una definición”, subrayó.

Destacó que reencontraron así con la necesidad de “definir nuestra identidad hasta las últimas consecuencias”, lo cual implicaba decidir ser jóvenes o ser peronistas. “Ese debate terminó de definir nuestra representación política, elegimos ser peronistas y asumimos el deber de defender al pueblo frente al poder económico”. Por otra parte, indicó que los católicos trajeron a las organizaciones el planteo de “si somos cristianos porque somos revolucionarios o somos revolucionarios porque somos cristianos. Un debate ideológico que nos dio vocación de servicio, entrega total al proyecto y nos marcó con el desprecio por la vida. Elegimos compartir todo, hasta la vida y la muerte”, aseveró.

El camino posible

En esa instancia del relato, Jauretche aseguró que “el peronismo alcanzo su más alto grado de organización, pero no podíamos tomar el poder y teníamos de la democracia una definición devaluada. Cuando Perón nos mando a afiliar para tomar el partido, lo hicimos. Eso sirvió después para identificarnos, pero teníamos dos opciones, o tomábamos la propuesta para ganar las elecciones o dejábamos pasar la oportunidad. Algunos pensaban que había que ir por todo o nada y tuvimos un debate muy fuerte. La política es la lucha por el poder, no íbamos a tener todo el poder pero si una parte, era un proyecto fascinante y era lo mejor que podíamos obtener. En cada momento hay un camino, puede no ser ideal pero es el posible, no andar ese camino es renunciar a cambiar la historia. Eso es algo que hoy esta vigente y sobre lo cual tenemos que reflexionar, no hay victoria final, es hacer todos los días un poquito. Ya lo dice Galeano, la utopía no esta para alcanzarla sino para caminar en esa dirección”.

Finalmente, el sobrino de “Don Arturo” concluyó diciendo que “Perón era demasiado viejo y no estaba en condiciones de disputar el poder. Nosotros éramos demasiado jóvenes y no lo entendimos. Mi tío decía que las revoluciones las hacen los jóvenes, nosotros los viejos debemos sentir el beneplácito de caer con el viejo país, porque somos producto de eso”. Al ser consultado por una de las participantes del debate a cerca del rol que deben jugar los jóvenes, el disertante remarcó que “afortunadamente no deben prepararse para tomar las armas. El fin jamás justifica los medios y los malos medios llegan a malos fines. Nosotros, tal vez equivocados, perseguíamos un ideal, pero del otro lado no fueron mejores y durante muchos años nos violentaron. No me arrepiento, pero no le deseo a nadie lo que pasamos”, sentenció.

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