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Lecturas de una derrota: el peronismo entrerriano post-elecciones


Análisis – Por Eduardo Medina *

Eduardo Medina politologo

La derrota del peronismo entrerriano a manos de Cambiemos el pasado domingo 22 de octubre parece tener como causas a los latiguillos que son de dominio público: “Un cambio de época”, “basta de lo mismo”, “hartos de la corrupción”, “se roban todo”, etc. Un discurso que opera en el sentido común del ciudadano que vota, que elige, que politiza su vida cotidiana, significando aquello que ve, que oye, que siente. ¿Cuánto de esto es producido por Cambiemos, por “el apoyo que tiene de los grandes medios”, y cuánto es obra de sus opositores, de un contexto nacional e internacional, de una falta en la medición del tiempo, en su pulso, en lo que trae y en lo que deja? La derrota se intenta denominar como “obvia” sin antes analizar atentamente innumerables factores que motivaron dicha situación.

Cambiemos tiene un saber-hacer, un saber-cómo, que ha ido sofisticando, perfeccionando, que no es más que una idea que ya manejaban en la Antigua Grecia: el orador no tiene que hablar de aquello que él piensa que es el sentido común, sino de aquello que sus oyentes piensan que es el sentido común. No es un discurso que le habla al sentido común, que lo alecciona o que lo ensalza. Trabaja en el sentido común. Punto. Más simple imposible. Casi una verdad de Perogrullo. A partir de ahí ya no se trata de saber lo que decir, tampoco de lo que el ciudadano-votante quiere escuchar, no es una manipulación, es la construcción de una terminología en el caso de que esta no exista, el acompañamiento en la búsqueda de un sentido de este tiempo, la edificación junto con el ciudadano-votante de valores compartidos, de esperanzas, de sueños comunes y en común. Nada de lo que hace Cambiemos en materia de praxis política tiene una planificación tan anticipada. Opera sobre la marcha, porque trabaja con el día a día, con lo que acontece. De ahí muchas de sus torpezas y errores tácticos. A veces no tiene la destreza suficiente, y a veces lo Real lo supera, lo avasalla. La encuesta, el focus group, el testeo, son la posibilidad de conocer, herramientas imprescindibles de Cambiemos.

El sentido común no es algo estático como casi todo el arco político supone, menos Cambiemos. Su fuerte es entender eso. La construcción de una realidad no se da exclusivamente en los medios, ya que el ciudadano-votante no pasa todas las horas que está despierto frente a la radio o la televisión. Trabaja, estudia, juega, practica deportes, esta solo mirando el techo, comparte con su familia, hace compras, interactúa en redes sociales, etc. Ni los medios trabajan para el Gobierno, ni el Gobierno los manipula. Los periodistas y editorialistas tienen posiciones políticas, y las empresas conveniencias, es verdad, pero no alcanza eso para construir realidad, para aprisionar el sentido de un texto, pues este se dispara ni bien toma estado público. Un texto nunca tiene un sólo sentido Y, de nuevo, Cambiemos también sabe eso, y lo utiliza, y le teme.

Lo que para los operadores de Cambiemos a nivel nacional es algo de rutina, para los operadores peronistas entrerrianos es casi una “tecnología”, de a ratos infranqueable. ¿Cómo se construye una victoria? ¿Alcanza con la propaganda, con el spot televisivo o radial, con el afiche, con “repartir la boleta”? Si hablamos en estos términos, si el peronismo local se maneja con esas coordenadas, puede ir preparándose para años y años de ostracismo gubernamental. Cambiemos tiene el pulso del tiempo, el peronismo ya no. La parquedad con la que Gustavo Bordet se expresa, es también una parquedad en la visión política del conjunto. “La obra pública no vota”, dijo un viejo caudillo entrerriano. Lo que vota es el marco de significación que se le da a esa obra, los discursos que la rodean, los simbolismos que le dan sustento. El discurso ya no es un arma principal ni de punta, es parte de una estrategia mucho más grande.

El peronismo local no debe (ni puede) aggiornarse al estilo ni a la práctica política de Cambiemos. Tiene que buscar su propio estilo y su propia estética, que está en su historia pero también en su presente. Antes de hablar tiene que buscar los marcos en donde estas palabras funcionen, medir su impacto, trabajar con un conocimiento certero, que no es basarse en los dimes y diretes de sus punteros comunales, sino en algo diagramado con anterioridad, pensado, meditado. El error está en desdoblar gestión y elecciones, en separar los trazos gruesos de las pequeñas sutilezas, en pensar la totalidad cada dos o cuatro años y no siempre ¿Y si la estrategia del peronismo local ya no es fantasear con las próximas elecciones, en el acceso o permanencia al poder, sino el gobierno del día a día, siendo esto algo efectivo y real y no una excusa ante los micrófonos? ¿Y si por primera vez el Gobierno provincial busca a técnicos referentes en sus áreas de acción, cuadros, con compromiso político e ideales de igualdad, equidad y solidaridad? Es cierto que este tipo de cuadros son escasos en el territorio, pero también existe un esfuerzo desmedido porque los que están no lleguen nunca a beneficiar al grueso de la población con sus iniciativas.

Lo que se viene en nuestra provincia es una batalla por el sentido, por el sentido de la política, por el sentido del Estado provincial, de los programas y proyectos desplegados en estos años, por la función pública, por los recursos. Cambiemos tiene casi todo listo, y no necesita decirlo, lo va a mostrar, lo va a hacer circular, lo va a machacar y machacar hasta el cansancio, con una sola y simple palabra: ineficiencia. Va a mostrar que al grueso de los votantes del peronismo nunca se les cumplieron las promesas de una vida mejor y más digna; la falta de iniciativas que piensen a la provincia como un todo; la estructura a veces monstruosa y obsoleta de algunas reparticiones; los miles de cargos creados sin un fin específico; los millones dilapidados en viáticos y sueldos políticos, etc. ¿Y qué va a prometer? “Que viene a terminar con todo eso”. No va a decir ni cómo, ni cuándo, ni dónde, sólo va a decir “que viene a terminar con todo eso”. Demuestra una realidad y luego promete su cambio. Efectivo y barato. Cambiemos trabaja en la política como el periodismo trabaja con el verosímil. La realidad que crea tiene que ser entendible, tiene que poseer elementos que el ciudadano-votante, que el ciudadano-encuestado, pueda comprender, que estén en su mundo posible, cercano, inmediato. Una vez que logra eso su camino queda allanado, depende ya un poco de la Virtú y otro poco de la Fortuna.

Pero en Entre Ríos, Cambiemos, como también el peronismo, tienen una dificultad: las redes de comunicación. La provincia no cuenta con un sistema de medios efectivo, profesional, adecuado como arena política. Canal 9 es el único que se despliega por todo el territorio como repetidora pero también con programación propia, pero su lógica de emular a los grandes medios nacionales lo ha llevado a perder efectividad, a ser una especie de maqueta, además de que interpreta los hechos políticos desde el mero comentario, la anécdota superflua, la conjetura débil. El Once trabaja a destajo para ser su competencia, pero aún no puede brindar en los pueblos y ciudades una cobertura continua y de calidad. En muchos de estos lugares, las cuestiones públicas están atravesadas por las voces de gente que llega a los medios por caminos alternativos al profesionalismo. A veces cualquiera puede decir cualquier cosa, de a ratos lo chabacano y socarrón dominan la escena, y en ese punto el público sospecha que la realidad puede verse de ese modo. Los diarios ya no son lo que eran, los domingos parecen folletos de supermercado, y algunas de sus notas carecen de todo rigor periodístico. Una calamidad.

Cambiemos tiene ventaja en ese aspecto, dos ventajas para ser precisos: puede operar desde los grandes medios nacionales y cuenta con el factor Frigerio como principal posibilidad. El Ministro del Interior sabe hablar de corrido, expone ideas claras y simples (demasiado simples), maneja algunas teorías, ya lleva un par de años caminando el terreno, cuenta con recursos para destinar y de a poco va alistando su tropa. Frente a eso el peronismo tiene poco para mostrar. El Gobernador maniobra un bote en la tormenta, sus allegados parecen escondidos, la imagen de Bordet es casi todo lo que hay. Es muy posible que la mayoría de los entrerrianos no sepan cuáles son los ministros de la provincia, y ni hablar de sus legisladores.

Pero el peronismo se conoce cada metro cuadrado del territorio; su principal respaldo, los sectores populares, aun lo bancan; tiene mística, y Entre Ríos una jugosa historia de luchas contra los poderes centralistas. Sólo le falta pensar con las herramientas del presente, sólo le falta pensar en el presente, y como en un sinuoso juego de ajedrez anticiparse a las movidas de su rival si es que ha perdido la iniciativa. Así y todo, es muy difícil reformatear las cabezas de militantes y operadores que han ido siempre en el tren del ganador, que han jugado y ganado con el caballo del comisario en más de una ocasión.

Y mientras de a poco los entrerrianos parecemos encaminados inexorablemente al mundo del globo amarillo, Tan Biónica, lo banal, lo maquillado, De Angeli, los bailes ridículos de Macri quizás en el Echague, seguramente más de uno se cuestiona cómo llegamos hasta aquí. De a ratos todo parece un mundo kafkiano en donde efectivamente nos preguntamos qué hemos hecho, y la Justicia, manipulable, le da más sustento a la escena. Un escritor argentino dijo hace algunos años, “No se puede gobernar con la pura coerción, hacen falta fuerzas ficticias”. Tomar nota.

¿Significará todo esto el fin de una etapa también en Entre Ríos?

* Eduardo Medina

Licenciado en Ciencia Política, egresado de la Facultad de Trabajo Social de la UNER. Tuvo su paso por la militancia universitaria y política, allegado al sectores del peronismo.

Fue uno de los fundadores de la Cátedra Abierta “Nicolás Casullo” de la unidad académica que trajo para disertar en Paraná a referentes nacionales del pensamiento nacional como Ricardo Forster y Horacio González.

Nació en Rosario del Tala, en 1983.

fuente: PáginaPolítica.com

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