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“LOS PODEROSOS NUNCA PAGAN POR LO QUE HACEN”


 

 

Hebe de Bonafini. Discurso del 23 de febrero de 2012.

“Compañeras, creo que ayer y hoy son dos días muy tristes. Y seguirán siendo tristes para todos. No es un simple accidente de tren. Es algo que tiene que ver mucho más allá, que tiene que ver con nuestras clases sociales.
Los poderosos nunca pagan por lo que hacen. Y siempre las muertes son nuestras. Los pobres y los trabajadores. Ellos no viajan en tren, ellos viajan en sus grandes autos.
Otra vez le quieren echar la culpa al trabajador. Perón decía que los hombres son buenos, pero sí se los vigila son mejores. Yo le pido a la Señora Presidenta que vigile un poco más a los hombres que tendrían que pensar un poco más en esta Patria y en este país. Lo que dijo Schiavi es una vergüenza. Yo no se si podrá dormir tranquilo, si se podrá mirar en el espejo, al haber dicho que si fuera un día de fiesta hubiera habido menos muerte porque viajaba menos gente. La gente viaja cuando trabaja, cuando tiene que ir y venir de su trabajo, de su empleo, de su estudio, de su casa. Y vuelta otra vez, 600 heridos, 50 muertos. Todos de los nuestros, ninguno de los poderosos. Ellos no viajan en tren.”
“Cuando Menem regaló los trenes, todos los que hablan ahora no dijeron nada, porque de todo era ‘deme dos’. Compro dos, un dólar igual a un peso, un peso igual a un dólar. Entonces se callaron, entonces son cómplices, que ahora no hablen, que no digan nada porque ahora no tienen derecho a hablar. Y la verdad que Schiavi me da vergüenza. Verguenza ajena que un funcionario sea tan pelotudo.
Y otra vez los muertos nuestros, y otra vez los trabajadores. Impresionante y bárbaro el trabajo de los médicos, de los bomberos, de la policía, del SAME, de los helicópteros. Y de la gente y de los médicos que vinieron de su casa, que no correspondían a ningún hospital, pero que se pusieron el delantal, los enfermeros y vinieron a socorrer. De ellos tenemos que estar orgullosos porque los socorrieron a tiempo, y a veces se salva la vida por un minuto, por dos minutos. A ellos los felicitamos. A ellos les mandamos un abrazo desde aquí. Y un abrazo también a todas las familias.
Cuando ayer veía a las madres pedir por la televisión mostrando tímidamente las fotos de los hijos, empecé a acordarme de los primeros días, cuando secuestraban a nuestros hijos que no teníamos a donde ir, a donde mostrar la foto, que nadie nos abría las puertas y no sabíamos donde estaban, ni que les había pasado, ni cual era su destino. Y sufrí con ellas, y todavía hoy hay muchas madres que no saben, hay más de 100 que no están identificados. Y las madres y los padres corren de un lugar al otro con esa desesperación del no saber.
Nosotras seguimos sin saber, pero sí supimos qué hacer, cómo movilizarnos, en que creer y cómo sentirlos vivos en todo lo que hacemos. A ellos les va a ser muy difícil porque ellos no murieron por la revolución, ellos murieron por ir a trabajar, por creer en este proyecto. Tal vez alguno sí creería en la revolución. Pero la verdad es que me dan vergüenza los funcionarios, me da vergüenza Jaime, me da vergüenza Schiavi. Me da vergüenza que todavía tengamos que pelear para que los ferrocarriles sean nuestros. ¿Cuándo van a ser nuestros? Si se les da tres millones como decían hoy o ayer, tres millones por día, ¿qué hacen con esa plata? ¿Por qué no están arreglados? ¿Por qué no tenían frenos? No le podemos echar la culpa al pibe que manejaba el tren. No, él no tiene la culpa de nada, él hizo lo que le parecía, él también casi pierde la vida.
Así que con mucha tristeza y con mucho dolor y con mucha angustia, porque no hubiera querido hacer este discurso hoy. Tal vez a la Presidenta no le guste, no se que pensará ella y qué mal se habrá sentido porque ella con mucho criterio suspendió todo, suspendió la fiesta que iba a haber del corso del sábado y el domingo. Y me parece muy bien porque nadie quedó con ganas de salir a cantar, de salir a bailar cuando hay tanta gente que está sufriendo quien sabe por cuántos días.
Por eso hoy en la Plaza no cantamos, ninguno quiso cantar, nos pareció bien. La Plaza en silencio tiene también mucha fuerza. Desde aquí, desde la Plaza les mandamos a todos los familiares, las madres, los padres, las esposas, los esposos, los hijos, las hijas, un abrazo grande que es lo único que les podemos mandar. Y les decimos que los comprendemos porque nosotros tuvimos la desgracia de perder a nuestros hijos y que nadie nos abriera las puertas y no teníamos un lugar donde mostrar su foto. La teníamos que llevar apretada contra nuestro corazón, encerradas en nuestras carteras, golpeando cuarteles, golpeando comisarías, golpeando iglesias. Y nadie nos abría las puertas. Por eso murieron 30.000, por eso dieron la vida 30.000, porque la sociedad civil se hizo cómplice. Muchas gracias. Hasta el jueves que viene.”

Fuente: madres.org

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