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Opinión: Argentina 2015 post-balotaje


Opinión – Por Fernando Adrián Zapata

Fernando Adrian Zapata

Quedó demostrado: hoy por hoy, ya nadie tiene un poder absoluto y, por lo tanto, habrá que construir espacios comunes, generar búsquedas más amplias, y crear instancias más plurales para debatir, analizar, criticar y proponer ideas y acciones políticas.

La oficialización de los resultados de los comicios, provinciales y nacionales, y el reconocimiento de la derrota por parte del “Frente Para la Victoria”, señaló el triunfo electoral del frente “Cambiemos”, integrado mayoritariamente por el Pro y la Ucr, con disparidad en la correlación numérica en diferentes zonas del país.

En la franja del centro del país (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) es donde ampliamente procedieron los mayoritarios votos de “Cambiemos”, precisamente las zonas donde el padrón electoral cuenta con la mayoría de la población nacional y posee base económica y productiva propia, mientras que en las zonas empobrecidas del norte y del sur el feudalismo arraigado mediante vergonzozos clientelismo y asistencialismo, aún esmerilado y sacudido, logró sostenerse.

Como se sabe, las situaciones económicas, sociales y culturales de nuestro diverso y extenso país son muy diferentes, aunque poseen problemáticas y potencialidades comunes.

Sin caer en el “triunfalismo exacerbado” ni en el “pesimismo apocalíptico”, tanto de oficialistas y de opositores de ayer y de hoy (rasgo muy habitual en la historia política argentina), resulta necesario analizar, desde quienes nos definimos como socialistas y progresistas, que se abre otro período: es el sinceramiento del liberalismo en Argentina, “maquillado” durante los años del kirchnerismo post-menemista.

Y, tal sinceramiento, implica el desocultamiento de las condiciones objetivas reales, es decir, desocultar el velo de ese ocultamiento kirchnerista que significó un relato populista que, en la práctica, sólo benefició a sus detentadores del poder y su “capitalismo de amigos”, de varios corruptos instalados en la burocracia del aparato estatal y en los feudos regionales.

Ocultamiento resultante de la derrota social y política del 2001, en que se planteaba “Que se vayan todos” en pos de una mayor ampliación democrática, y que nadie se fue, sino que se afincaron los mismísimos partícipes de la entrega menemista de los “años noventa” ya en el kirchnerismo, reconvertidos, supuestamente, en “nacionales y populares”, cuyo perfil de gestión fue netamente demagógico y verticalista, sectario y negador de la realidad, evidenciando los peores vicios de la conciencia burguesa en crisis y en descomposición.

Ahora, ya ha caído el velo de la situación real de nuestro país: la brutal dependencia ante las potencias imperiales, los intereses de las multinacionales, la gran problemática de la pobreza estructural, la falta de producción, la desigualdad, la fragmentación social y la falta real de transformaciones de base en lo económico, en lo social y en lo cultural, durante todos estos años de hegemonía kirchnerista.

¿Qué sucederá? Está el programa de “Cambiemos”, y es muy contradictorio, tal como lo fue también el del “Frente Para la Victoria”. Ambos poseen rasgos desarrollistas y ninguno cuestiona la base del capitalismo liberal, extractivista y dependiente, dejando aún “la puerta abierta” al predominio de intereses corruptos, oportunistas, negociadores y reaccionarios, de “adentro y de afuera”.

¿Y qué sucederá con los pobres, los desocupados, los aborígenes, los necesitados, los disidentes más radicalizados, los gremios y sindicatos combativos, es decir, todos los que fueron “negados y ocultados”, y hasta duramente perseguidos (no olvidemos la nefasta “Ley Antiterrorista”), durante el largo período kirchnerista?

¿Qué sucederá con varios logros conseguidos desde la recuperación democrática de 1983 hasta hoy, a lo largo de varias gestiones presidenciales, principalmente en materia de Derechos Humanos, Diversidad, Inclusión, etc?

¿Habrá una política de “diálogo, respeto y búsqueda de consenso”, dando el ejemplo desde las instituciones, en clara contraposición superadora al obvio despotismo personalista del kirchnerismo?

¿Y cómo se configurará la política interna y externa, en un mundo fragmentado y configurado en bloques, en aguda crisis, en guerras, rebeliones y catástrofes humanitarias y ambientales?

¿Se crearán condiciones que democraticen las instituciones, la economía, la cultura, el cuidado humano y ecológico-ambiental, y todas las esferas de la vida social?

¿Qué pasará con la Justicia, la Salud, la Educación, la producción y la distribución de la riqueza?

¿El pueblo esperará, acompañará, será pasivo o expectante, o confrontará?

Sólo el pueblo y el tiempo lo dirán.

Desde nuestra identidad y nuestra visión socialista y progresista, consideramos que todo apunta a que puede ser “un cambio de mando”, sin un gran cambio en la correlación de las fuerzas sociales de las mayorías de este país dependiente y atrasado, situación similar a lo que fue el populismo burgués del kirchnerismo hasta hoy, lo cual equivale a decir que esto es, ni más ni menos, que un sinceramiento del liberalismo que fue maquillado y ocultado durante el kirchnerismo.

Sin embargo, no sabemos cuáles serán las condiciones en que la lucha de clases se desarrollará en este nuevo período, aparentemente, de un tinte liberal más “tradicional”, y ya no del populismo bonapartista y demagógico burgués que hubo hasta hoy, durante el kirchnerismo.

De todos modos, dada la diferencia y la disparidad numérica de tales resultados, sabemos también que muchos sectores de las masas populares expresaron el hartazgo y el agobio ante la demagogia y la prepotencia, la corrupción y la represión, y tienen expectativas.

¿Qué sucederá realmente y de qué manera? Todo esto es muy, muy reciente, y aún no lo podemos saber.

De lo que sí estamos seguros nosotros, los socialistas y los verdaderos progresistas argentinos, es que seguiremos construyendo un espacio verdaderamente progresista que abra el camino a un primer triunfo socialista en Argentina, acercando ideas y acciones democratizadoras, soñando y proyectando, y luchando firme y solidariamente si así fuese necesario.

“Conciencia obrera y popular”

Castigan a un obrero disidente
que sueña y que trabaja por sus hijos,
lo oprimen arruinando sus deberes,
sus ansias, sus derechos, sus caminos.
Persiguen al trabajador que afronta
a quienes le robaron y engañaron;
y atacan a los que jamás imploran
por tantos logros, siendo hoy marginados.
Hay quienes niegan que el humilde sueña,
que siembra ideas, vínculos y afectos.
Hay quienes niegan logros y cosechas
que el pueblo humilde conquistó en mil trechos.
¡Es todo un desafío cotidiano
abrir camino en cruda adversidad!
El paso del conciente proletario,
la ayuda, el pan, la solidaridad,
¡avanza, en los senderos de la historia,
a pulso de martirios y lecciones,
a fuerza de ideales, luz y sombras:
con generosidad, con pan y uniones!!!

Fernando Adrián Zapata

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Comentarios
  1. GRACIAS INMENSAS,DIARIO CONCORDIA,POR LA DEMOCRACIA Y EL PLURALISMO DE SIEMPRE!UN VERDADERO GUSTO!UN GRAN ABRAZO FRATERNAL A TODOS!!!