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Vargas Llosa, el Peronismo y la Internacional Liberal


Juan Cruz CabralPor Juan Cruz Cabral

Otra vez tenemos que repudiar, y cansa un poco, las manifestaciones que realizó el escritor Mario Vargas Llosa contra el peronismo, en distintas entrevistas y disertaciones durante estos días de visita en la ciudad de Buenos Aires.

Con lenguaje agresivo -podríamos decir no sólo «antiperonista» sino también «gorila»-, Vargas Llosa ha dicho que «este país tiene una enfermedad que se llama peronismo».

Tal agresividad merece ser respondida.

Vargas Llosa Gorila

El peronismo no es una enfermedad, mal que le pese a Vargas Llosa y a los que se regodean -desde los distintos medios y foros del stablishment nacional- en solicitarle que repita una y otra vez sus conceptos insultantes.
Por el contrario, el peronismo es la identidad política de millones de argentinos y argentinas que merecen el respeto que la convivencia democrática exige.

Si existe alguna «grieta» en la sociedad argentina, no cerrará con ese lenguaje agresivo. Sobre todo porque conocemos que el palabrerío del que se vale ha servido de justificativo a terribles latrocinios en nuestro pasado.
No nos obnubila el supuesto prestigio que le ofrece como escudo al señor Vargas Llosa el premio Nobel de Literatura que ostenta, y que los periodistas del stablishment nos recuerdan cada vez que lo pasean por el mundo como adalid de un saber supuestamente universal. Recordamos que es el mismo premio que recibiera el presidente estadounidense Barack Obama en reconocimiento a su «lucha por la paz». Huelgan los comentarios…

En todo caso, es evidente que las cualidades de literato que, sin dudas, posee el señor Vargas Llosa no garantizan la solidez de sus conceptos sobre política ni historia, y mucho menos sobre las de nuestro país.

Podríamos simplemente protestar por el mal gusto que supone para un visitante extranjero emitir expresiones tan despectivas respecto de una fuerza política local que -además de tenerla en el seno de nuestro Pueblo- posee una enorme representatividad en nuestras instituciones. Pero dejaremos eso para los nacionalistas de campanario, que seguramente se manifestarán indignados…

Celebraremos, en cambio, que el señor Vargas Llosa se exprese desde la identidad latinoamericana.
Sin embargo aclararemos, para los inadvertidos, que el escritor peruano no viene en representación de ningún «colectivo» regional; ni siquiera de algún sector político de su país.

Si atendiéramos únicamente a lo explicitado en uno y otro lugar, podríamos pensar que visita la Argentina a título enteramente personal, a fin de promocionar, en nuestra Feria del Libro, su novela recientemente editada. Pero, al observar en qué sitios concretos despliega su verba y su (felizmente) indisimulada acción política, puede notarse con claridad que el señor Vargas Llosa integra aquello que muchos comienzan a denominar como «la internacional liberal», un entramado de organizaciones no gubernamentales con financiamiento multimillonario del «sector privado» (es decir, de las multinacionales y las grandes empresas que impulsan el modelo neoliberal para favorecer sus intereses sectoriales) y de algunas instituciones políticas de los «países centrales».

De hecho, entre risas, Vargas Llosa ha debido aclarar: «Yo no represento a las multinacionales, pero yo sí represento a la defensa de la democracia, de la economía de mercado, de la receta que trae prosperidad.»

Se trata, claramente, del mismo discurso neoliberal sostenido desde el poder de las multinacionales que hoy dominan el escenario económico mundial.

De hecho, Vargas Llosa ha disertado en la cuasi misteriosa «Fundación Libertad», bunker de los ultraliberales argentinos, y frente a la Cámara Argentina de Comercio, entidad que nuclea a lo más granado del poder económico local.

Fue ante esta última donde declamó que “el peronismo es el movimiento que corta todo el progreso de la Argentina. Aceptemos la realidad: Argentina era un país abierto, integrado al mundo”. Con esa afirmación, según el diario Clarín, arrancó el primer aplauso de un auditorio que, de esa manera, se manifestaba claramente antiperonista, según puede inferirse.

No parece vano señalar que los moderadores eran los periodistas estrella de los diarios «Clarín» y «La Nación», respectivamente Eduardo Van der Kooy y Joaquín Morales Solá; el lugar era el coqueto hotel Alvear, en la Recoleta. Todos juntos.

Sólo faltaba allí (en la Fundación Libertad había estado presente) el presidente Mauricio Macri. Al decir de Vargas Llosa, «el único que representa una alternativa real, clara y contundente a lo que ha sido la tragedia de la Argentina, que es el peronismo».

Macri y Perón

También el señor Vargas Llosa relacionó una supuesta decadencia del país a la existencia del peronismo, afirmando que «con el nacionalismo económico comienza un deterioro que se agrava». Se trata del discurso de la concentración de la riqueza y el avasallamiento de tipo colonizante a los pueblos del mundo. En ese mismo sentido, Vargas Llosa ha afirmado que Argentina «fue un gran país cuando estuvo abierto al mundo».

La idea de «el mundo», esa totalización falaz, desnuda el ocultamiento de una matriz colonialista que asume diversas formas: por un lado, una subordinación mental que supone un complejo de inferioridad ante determinadas culturas nacionales; por otro, y sin agotar los ejemplos, la asignación de un carácter moral superior a aquello que, con justeza, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner llamó «anarco-capitalismo financiero».

Es una idea destinada a barrer con la autodeterminación de los pueblos, con las autonomías nacionales. No existe tal «mundo». Los que lo mentan, se refieren a determinados países del globo. Se trata, en realidad, del archiconocido y falso universalismo eurocéntrico, una concepción según la cual lo único verdaderamente existente -en verdad, lo único digno de existir- es el occidente colonialista y, últimamente, su reciente criatura: el sistema de ultra valorización financiera.

Por eso el señor Vargas Llosa ha dicho que «la impresión que tiene el mundo es que Argentina está haciendo las cosas que hay que hacer para romper con el populismo, que lo ha aislado y lo ha marginado, sobre todo, de los mercados financieros». Porque, en esta concepción, «el mundo» son «los mercados financieros», el sistema ultraliberal que domina a los pueblos extrayendo sus riquezas y concentrándolas en poquísimas manos.

Vargas Llosa, hombre de ese sistema ultraliberal internacional, multinacional y transnacional nos quiere hacer creer que «libertad de mercado» y «democracia» son la misma cosa. Y entonces dice, sin sonrojarse, que «hay (en Latinoamérica) un creciente movimiento a favor del sistema democrático, de una economía de mercado», como si hablara de lo mismo.

Es el abismo entre el intelectual y el literato.

Vargas Llosa mismo afirmó, sin embargo, que «la irrealidad es buena para la creación artística y literaria pero no para la vida política». Aunque lo dijo en una muestra de la intolerancia ya conocida del viejo y noventista «Pensamiento único», o del aun más anticuado positivismo, según el cual todo lo que no calca el modelo euroyanqui de progreso es a-histórico, indigno de ser real.

Es la negación de la otredad, la peor de las intolerancias; la prohibición embozada de la autodeterminación de los pueblos. El desprecio por los que buscan sus propios modelos de vida en comunidad mediante la realización de sus potencialidades reales, arraigadas en su tradición histórica, naturalmente divergente de la de los países centrales y la cultura dominante.

Desde esa perspectiva que termina siendo autodenigratoria, América sirve para la creación literaria, pero no para la creación política.

¡Es que las novelas dañan a los opresores menos que los programas políticos de liberación nacional y social!

Incluso, Vargas Llosa afirmó, en estos días también, que «hay una mayoría de latinoamericanos que acepta, o con entusiasmo o con resignación, ese modelo, que (…) permite quemar etapas y es la receta del verdadero progreso».

Claramente: para algunos el entusiasmo; para otros la resignación. Claramente: una única «receta» para un «verdadero» progreso. Otra vez «Pensamiento único» y «eurocentrismo» disfrazado de «universalidad».

Entonces se entiende por qué dice que «el peronismo es el movimiento que corta todo el progreso de la Argentina»…

Para colmo, parece que antes del Peronismo «Argentina era un país abierto, integrado al mundo», pero «el peronismo levantó una muralla y creyó en la autarquía económica y (¡claro!) nunca fue democrático». Es más: «(los peronistas) han estado 12 años en el poder con los Kirchner, y estuvieron cerca de ser Venezuela». Un argumento «ad nationem», digamos, que no parece corresponderse con ningún elemento de la realidad, independientemente de que no compartamos el uso peyorativo que hace Vargas Llosa del buen nombre de Venezuela, fingiendo ignorar el ataque sistemático que sufre ese país hermano por parte del poder económico local y desde los mismos Estados Unidos, la potencia hegemónica de este mundo injusto, oprimido y desigual.

Peron Evita Nestor y Cristina

El señor Mario Vargas Llosa ha venido a la Argentina con una tarea clara: apuntalar al gobierno de Mauricio Macri, asignándole la supuesta virtud de luchar contra el peronismo, el kirchnerismo y el populismo (que para Vargas Llosa parecen ser lo mismo, cosa que no es necesario negar) en nombre de una libertad que llevaría a la prosperidad definitiva.

Nos vemos en la obligación de decirle al señor Mario Vargas Llosa que la Libertad no es propiedad de nadie. Y aún más: que la Libertad de la que el neoliberalismo habla es falsa; es la libertad de no ocuparse del otro; la libertad de desentenderse del bien común, pero prometiendo un futuro improbable de bienestar.

Al contrario de los supuestos básicos de los divulgadores del neoliberalismo, entre los que Vargas Llosa se encuentra, incluso los países centrales han encontrado sus mayores niveles de bienestar sólo en la medida en que condicionaron la libertad económica a través del desarrollo de políticas orientadas por sus Estados.

Cuando esas condicionalidades (las «regulaciones») cayeron, en beneficio del gran capital, los niveles de pobreza y desigualdad crecieron, sin solución de continuidad desde entonces hasta nuestros días. Y, con ese crecimiento de la pobreza y la desigualdad, disminuyó la libertad.

Nadie es verdaderamente libre cuando le faltan los recursos mínimos e indispensables para la vida digna en comunidad. Y eso no lo garantiza el libre juego de la oferta y la demanda; eso no lo garantizan «los mercados».
Sólo la política, a través del órgano de ejecución de la soberanía de los pueblos -es decir, del Estado- puede garantizar los niveles de libertad que se requieren para la igualdad de oportunidades y para el progreso social o individual.

Sin política y sin Estado la vida social no es más que una jungla.

En este siglo XXI, cuando esa jungla no conoce reglas, los que se aprovechan de la indefensión de los más débiles son, precisamente, «los mercados». Y los que sufren, los Pueblos.

Es lo que se observa en nuestra Patria ahora mismo. Difícilmente le interese al señor Vargas Llosa, puesto que ha dicho con todas las letras (y celebramos que así lo haga, pues nos permite un debate más sincero): «Me gusta Macri, muchísimo», definiendo así su posicionamiento en este momento de la historia. Un momento en que, como no puede ser de otro modo porque siempre ha sido así, la historia se manifiesta como un capítulo más de las luchas entre las fuerzas de la opresión y las de la liberación.

La falsa libertad de los Vargas Llosa es la opresión concreta de los pueblos del mundo.

Por eso ellos dedican su tiempo a atacar una y otra vez al peronismo.

Porque el peronismo es peligroso para ese «anarco-capitalismo financiero», pues tiene por mandato poner el capital al servicio de la economía. Es decir, subordinarlo a una planificación que reconoce la existencia de un grupo social de interés común o comunitario; que reconoce la existencia de una comunidad a cuyo interés debe subordinarse la planificación de la utilización de los recursos económicos.

Pero ¡peor aún!: el peronismo prescribe poner la economía al servicio del hombre.

Pecado mortal. ¡El capital al servicio de la economía, y la economía al servicio del hombre!

Una economía centrada en el hombre y un capital subordinado al interés humanitario.

Algo completamente distinto a la caridad que humilla. La planificación de la solidaridad social al interior de la comunidad.

Nada existe más revolucionario en el mundo actual, nada más peligroso para los apropiadores seriales de la riqueza social que ese principio que puede operar como punto de acumulación para enfrentar a toda la lógica del neoliberalismo dominante: (repetimos) el capital al servicio de la economía, y la economía al servicio del hombre.

Por eso atacan al peronismo. Porque entraña un peligro para la concentración de la riqueza.

Mientras tanto, Mario Vargas Llosa nos dice que «Argentina estaba yendo hacia el abismo (pero) ahora tiene un Gobierno realista, sensato, moderno, que quiere acabar con el populismo y está dispuesto a pedir a los argentinos que paguen el alto precio que tiene acabar con la ficción y llevar a Argentina a la realidad».

Es interesante eso de «la ficción y la realidad». Pareciera que lo tangible es irreal: los 10 años de realizaciones del peronismo fundacional fueron una ilusión, los 12 años y medio de buen vivir entre 2003 y 2015 también. Y lo real sería la promesa de un bienestar incomprobable después del sacrificio. Después del ajuste del 55, con ingreso al FMI y todo, sabemos que no llegó. Y ahora nos dicen que va a venir con éste (sinceramiento, le dicen ahora) del 2016, con pago a los fondos buitre. Por lo menos nos lo dicen clarito: que el «alto precio» lo paguen los argentinos…

Pareciera que Vargas Llosa supone que nunca escuchamos los argentinos los cantos de sirena del neoliberalismo. ¿Cómo no encender las luces de alerta cuando le oímos decir lo siguiente?: «El modelo para dar la batalla contra la pobreza y la marginación es la democracia política. Hay consenso en América Latina a favor de la economía de mercado, a favor de integrarse a los mercados del mundo. Cada vez más latinoamericanos entienden que ése es el único modelo que puede sacarnos de la pobreza, convertirnos en países del Primer Mundo. Y eso le está dando a la democracia una solidez que en el pasado no tenía».

Ya sabemos que el neoliberalismo pretende igualar lo que son términos distintos. En el caso de este párrafo «democracia política» y «economía de mercado». También sabemos que se nos intenta obturar la proposición de un camino autónomo para el desarrollo de nuestra vida en comunidad. Pero sobre todo este último párrafo nos recuerda a los argentinos que ya sufrimos las consecuencias de aquella mentira del supuesto ingreso al supuesto «primer mundo».

Ya el año pasado se había referido al Peronismo como «la tragedia argentina» y asegurado que (antes del peronismo) Argentina era un país que había erradicado el analfabetismo.

Sucede que ya desde hace un tiempo se observa cierta «impunidad» para mentir desembozadamente en los medios de comunicación concentrados.

Entonces nadie le señaló al señor Vargas Llosa que la Argentina ha disminuido su analfabetismo permanente desde el censo de 1869 hasta el último, de 2010. Y que, Peronismo mediante, con la gran cantidad de escuelas construidas, nuestro país pasó de 35,9% de analfabetismo en 1914 (en plena «Argentina del Centenario») a 8,5% en 1960. También podrían haberle susurrado que en el censo de 2010 Argentina registró 1,92% de analfabetismo en pleno gobierno peronista de Cristina Fernández y luego de la presidencia de Néstor Kirchner.

tasa alfabetismo

Por lo visto, «a nadie importa si naciste honráu»; se puede tergiversar sin condena social.

Dijo Vargas Llosa en aquel entonces que anhelaba esa Argentina que él había conocido en su juventud, con una capital, Buenos Aires, con más teatros que París.

Nadie le señaló tampoco que esa Argentina que evocaba era posterior al gobierno peronista de 1946-55.
La envergadura de esta falacia nos debería prevenir sobre sus demás afirmaciones…

Resulta pues completamente repudiable el cúmulo de afirmaciones que ligeramente ha vertido Mario Vargas Llosa sobre nuestra historia pasada y reciente. No sólo por su carácter agresivo, hasta agraviante, sino fundamentalmente por su índole falaz.

Las promesas son promesas. La única verdad es la realidad.

Las comunidades sociales deben velar por la felicidad del pueblo para iniciar la rueda de la grandeza material. Tal es la doctrina peronista y tal su historia: tanto en su década fundacional como en los 12 años recientemente vividos puede mostrar una verdad realizada, o la realización verdadera de -primero- el inicio del camino de la felicidad popular y -luego, casi simultáneamente- el del desarrollo de la fuerza material de la Nación. De una nación que identificamos con el Pueblo, según la concepción profundamente democrática que traemos desde nuestra formación como peronistas.

Finalmente, digamos que nos ahorraríamos mucho tiempo si el señor Vargas Llosa se limitara a decir lo que ya ha dicho: que no entiende del todo al Peronismo. Más precisamente que: «Es muy difícil comprender el fenómeno del Peronismo desde afuera».

Podríamos sugerirle que intente, tal vez, con más política y menos literatura…

Pero no dejaremos de reconocer que en la tarea de entender al peronismo, el señor Vargas Llosa ha comenzado por el buen camino, tal como se advierte al escucharle decir que el Peronismo «es un movimiento donde caben todas las tendencias desde un extremo hasta el otro, pasando por el medio». Incluso aunque, paradójicamente, agregue: «O sea que no es fácil entenderlo».

Ahí está la clave de todo.

El Peronismo es esa fuerza política que nació sin sectarismo, incorporando a todos los que querían una patria justa, libre y soberana. Fueran del partido o la ideología que fueran. Pertenecieran a la clase social que pertenecieran, integraran el sector económico que integraran. Nada pidió, sólo el deseo de un programa común para la liberación nacional y social. Sólo el repudio a los explotadores de hombres y de naciones.

Eso sí (y también lo sabe bien el señor Mario Vargas Llosa, así como los que lo invitan a pontificar en tantos foros): el Peronismo no es liberal.

Eso se ve que lo comprenden, y por eso lo combaten.

Porque el Peronismo propone poner el capital al servicio de la humanidad.

Trabajarán entonces siempre para desterrarlo del mundo.

Pero será en vano, porque el Peronismo es mucho más que su historia y su presente: es también el futuro de solidaridad y amor que desean los pueblos que no aceptan someterse a los dueños de todas las cosas; es la posibilidad de construir en comunidad, cada uno desde su identidad, sin tener que renunciar a ella, la verdadera libertad, la que con solidaridad genera igualdad y justicia.

En definitiva, el Peronismo es también un modo de combatir al neoliberalismo. Y uno capaz de unir sus fuerzas a los que lo hacen de otros maneras, por otras vías. Eso lo hace peligroso para los que intentan impedir la verdadera libertad de los pueblos contra los opresores reales de nuestro mundo: los dueños del gran capital financiero.

Los peronistas sabemos que hay una lucha por dar contra esa opresión. Y son muchos los hombres y mujeres de distintas ideologías alrededor del mundo que saben que esa lucha es necesaria.

El futuro será de aquellos pueblos que la intenten. El nuestro será uno de ellos.

No hace falta aclararle al señor Vargas Llosa que el Peronismo luchará junto al Pueblo argentino hasta verlo libre.

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