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Y al final el gordo no es tan chanta


Por Martín Serhco *

El reconocido Lic. Emilio Soto publicó días atrás una columna de opinión en ElEntreRios.com en la que se despachaba contra el querido Gordo de Navidad, no el premio de la Lotería sino el regalón de barba y gorrito rojo.

En el mencionado texto intitulado “El Gordo es un chanta” el periodista comienza aclarando que “todo bien con el gordo” pero “no es buena persona”. Todo bien con Soto, pero confunde algunas cosas.

Papa Noel borracho

Don Emilio sospecha que debe haber alguna connivencia entre Papá Noel y los comerciantes, y denuncia esta asociación ilítica cuyo fin es desangrar los bolsillos ya desangrados de los pobres padres que extorsionados acceden a calmar las súplicas de sus hijos, una especie de pedido de rescate, ¿no? Interesante.

El Lic. denuncia que en algún momento de la historia reciente (en los últimos 200/300 años pongámosle), el Gordo usurpó la identidad del sacerdote griego Nicolás de Bari y desde entonces transmuta la celebración y se choreó la fiesta de Navidad, denuncia contundente: Se quedó con la celebración del cumpleaños o del nacimiento de otro (del Niño Jesús) y con la identidad de otro (el fallecido hace más de 16 siglos Nicolás), en un plan meramente propalador del consumismo. Es más, Soto hasta llega a sospechar que el Gordo es argentino (o su madre debe serlo), se le nota en lo chanta, sostiene.

Papa Noel celeste y blancoY convengamos que es cierto (no lo de su nacionalidad sino lo otro, la usurpación).  Pero por sobre lo que denuncia Soto como una especie de golpe de Estado o golpe de mercado de la Inquisición Laica (denuncia que no termina de sustentarse en nombres y apellidos: ¿Coca Cola, Estados Unidos, la cadena Fox, el Centro de Industria y Comercio de Concordia, Darth Vader? quién?); por sobre esta valiente denuncia -decía yo- hay que señalar varias cosas:

a) en los pueblos latinoamericanos la celebración puesta en debate aquí aglutina dos deseos: la conmemoración estrictamente religiosa por un lado, y una fecha propicia de exaltación de los lazos fraternales. El encuentro. La fiesta de Navidad, y de Año Nuevo también, tiene mucho de romana, de dionisíaca. Se olvida por un momento que el Tío Rubén se lleva para el culo con la Tía Miriam, porque ella lo acusa de meterle los cuernos a su hermana, Estela, mientras ella se pasa todo el día en su casa lavándole los calzoncillos al muy desgraciado para que se acueste con Florencia, esa atorrantita de la otra cuadra. Y esa noche no existe Florencia, sólo el tío Rubén y la tía Miriam, y la tía Estela brinda con ellos, con todos. Aunque al otro día vuelvan las rencillas. Y esa noche, hasta el gurí que más mal se haya portado recibe algún regalo, y no importa que no haya estudiado, algo encontrará debajo del arbolito. O debería. En todo caso, discutamos eso: el tamaño de los moños de los regalos entre un arbolito y otro; y la decidida ausencia de magia en algunos hogares.

navidad latina

b) Si el Gordo usurpó una identidad y efeméride, convengamos que continuó una tradición. Hace mucho tiempo, años a, uno de los principales problemas de la humanidad era el hambre. Dado que no existían los sofisticados mecanismos de producción alimenticia que existen hoy día que permiten que ninguna persona sufra hambre (¿cómo!?, esto no está solucionado?), la llegada del invierno significaba prácticamente la muerte para quienes no contasen con los recursos suficientes. Sí, hace muchos años, la riqueza no estaba bien distribuida, y había muchos con poco, y pocos con mucho.

El solsticio de invierno, el día más corto del año, el que anticipa el inicio de la temporada más fría comienza hacia fines de diciembre, por allá, por Europa, por el Medio Oriente, claro (por acá hace un calor de la san ostia). El solsticio anticipa la peor época del año. Había que matar el rebaño que no se podía alimentar, matarlo y comerlo antes de que mueran de hambre en los campos y se los devoren la carroña; las bebidas y las cosechas anuales llegaban en su punto justo. El hombre de aquellas épocas, temeroso –seguro- seguía la premisa de Fontanarrosa: cuando te quedan sólo dos pesos en el bolsillo, tenés que gastarlos en un lujo.

Y así el hombre de aquellas lejanas épocas celebraba esa fecha. También luego, en junio, el solsticio de verano. La celebración romana del Nacimiento del Sol Invicto, y las Saturnalias, y la Fiesta del Sol Poderoso de los Incas, y la Panquetzaliztli de los Aztecas, todas (y muchas más) tenían vinculación con los períodos de cosecha, de abundancia y de escasez, y con el solsticio de invierno y de verano (en junio y en diciembre, sea en el hemisferio norte o en el sur). Dos celebraciones al año. Una que hoy conocemos como “Navidad”, y otra en la que se queman muñecos en honor a San Juan (fiesta que deberíamos volver a encender).

alegoria Cristo como el Sol Invicto

Alegoría de JesusCristo como el dios Helios o Sol Invicto, conduciendo su carroza. Mosaico del siglo III dC, en las grutas vaticanas en la Basílica de San Pedro en el techo de la tumba del Papa Julio I

La celebración del encuentro, el brindar por el cierre de un ciclo y comenzar otro, la devoción a lo que hemos tenido y los augurios de que tendremos más, los regalos –el obsequio- como forma de confraternización y esperanza, no son perennemente exclusivos a una orga. Sino que por el contrario, es aquello que en un nivel mantiene en equilibrio la organización de sociedad basada en la individualización (somos individualistas hasta cierto punto, compartimos, somos a partir de la inter-relación, no antes), y en otro nivel más intimista (padre-hijo, enamorado-enamorada) establece vínculos de pertenencia y sueños, entrega y herencia.

Pucha, que dicho así parece todo muy complejo.

Es cierto que hay bastante de Pan y Circo en todo esto de Papá Noel, también, es cierto, sí. Por supuesto. Pero es como cuando el muerto se asusta del degollado. Sólo porque el degollado tiene más prensa. Son celos, más que reivindicaciones.

Aunque también me pregunto sino será que Santa Claus es el chivo expiatorio, el Bin Laden – Sadam Hussein que cierto sector quiere desechar. Pero ésta es sólo una duda absurda.

En el apunte en papel al lado de la PC donde escribo estas líneas, me quedan sin tachar – desarrollar dos puntos, uno transcribe una frase de Soto en su columna: “El gordo es un pillo bárbaro, ¡se las sabe a todas! (¿no será criollo?, digo por la viveza)”, y le agregué a continuación un “ = pajuerismo / Jauretche”.

La otra anotación dice simplemente “Opus Dei”, y no recuerdo porqué la escribí.

Quedarán, ambas ideas, para desarrollar quizás luego, o no, todo depende de lo que el Gordo Chanta deje en mi arbolito.

* opinión – colaboración especial para DiarioConcordia.com.ar

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